Aguas pacíficas

«Una ciudad flotante que otras naciones de la OTAN han encargado a nuestros astilleros»
«No desaprovechen los guechotarras la ocasión, visiten el buqueinsignia y se sentirán felices y orgullosos de su portaaviones»

Creo entender que en España hay más pesados que tontos, hallazgo científico de alta valoración. Pesados y cínicos. Ahí tenemos a los munícipes de Olot –Gerona–, que han declarado a su localidad «ciudad Amiga de los Animales». Matan 14.000 cerdos cada día, 52.000.000 de porcinos desde que declararon su amistad oficial con los animales. Eso sí, un toro no se puede lidiar porque los de Olot sufren mucho con la sangre. Los cerdos no tienen sangre, al menos los que se matan en Olot. El genial Albert Boadella ha manifestado que los golpistas y separatistas catalanes no merecen el honor de ser juzgados por rebelión o sedición. Pero que tendrían que ser juzgados y condenados por pesados. En Guecho, Vizcaya, con los socialistas a la cabeza, su ayuntamiento ha votado una moción contraria a la presencia en la bahía del Abra del portaaviones de la Armada Española «Rey Juan Carlos I». «Son nuestras aguas y son pacíficas». Necios. Esas aguas nos pertenecen a todos los españoles y la presencia del buque insignia de nuestra Armada, el portentoso «Juan Carlos I» habría de ser celebrada por todos los guechotarras, que están invitados a visitarlo. El portaaviones «Juan Carlos I» sólo tiene prohibida su presencia en los puertos que no cabe, y no por votaciones, sino por prudencia de la Armada. Meter al «Juan Carlos I» en los puertos de Vinaroz o Cudillero, no es un buen plan. Pero las aguas, que no son de los naturales de Guecho sino de todos, están encomendadas para su vigilancia y presencia, a los buques de la Armada. Puedo asegurar a los habitantes de Guecho, los de Las Arenas, los de Neguri, los de Romo y Algorta, que el «Juan Carlos I» visitará

RAÚL

pacíficamente las aguas que bañan a lo que Antonio Menchaca denominó «Las cenizas del esplendor».

Visité el «Juan Carlos I» en El Ferrol, ya en el agua, pocas semanas antes de su primera navegación, y me sentí profundamente orgulloso de ser una insignificante parte de su propiedad.Es un barco fabuloso, portaaviones, portaeronaves y de proyección estratégica. Con sus 231 metros de eslora que da cobijo, si la do-

tación navega completa, a más de 1.400 marinos. Una ciudad flotante que otras naciones de la OTAN han encargado a nuestros astilleros. Hace pocos años, en Guecho, se entregó la Bandera de Combate a la fragata «Blas de Lezo» con un éxito de público y emoción. El comandante de la Fragata, cumplido el acto que contó con la colaboración y apoyo del Real Club Marítimo-Real Sporting Club, puso rumbo a Pasajes, en Guipúzcoa, cuna del héroe espa-

ñol. Y a pesar de las dificultades sinuosas que presenta la bocana del puerto pasaitarra, la fragata fondeó frente a la casa natal del vasco leal, se ofreció un vino a las autoridades, se bailó un «aurresku» sobre la cubierta, se ofició una Misa, y con la misma soltura que arribó, se hizo a la mar nuevamente. Visitó nuestro buque-escuela, el mítico «Juan Sebastián de Elcano», la rada de Guetaria, de donde era natural el gran marino español que consiguió lo que no pudo culminar el también gran marino portugués Magallanes. La primera vuelta al globo terráquero sobre sus mares y océanos. La dotación obtuvo el permiso de saltar a tierra uniformada, y el recibimiento en sus bares y tabernas de Guetaria a los oficiales, suboficiales, guardiamarinas y marinería fue fabuloso. En muchos bares les impidieron pagar. Sí, se oían algunos insultos lejanos, porque los «valientes abertzales» renunciaron a la cercanía.

Lo mismo sucederá en Guecho, a pesar de los «pacíficos» boronos de su Ayuntamiento. Cuatro son los conceptos de operaciones definidos en el «Rey Juan Carlos I»: La proyección estratégica, operaciones anfibias, portaaviones eventual y operaciones no bélicas –ésta última se escapa a mi comprensión–. Pero hay una quinta, la más divertida. Fondear en Guecho, a pesar del vergonzoso silencio del Gobierno y el Ministerio de Defensa cuando así lo estiman los defensores y vigilantes de todos nuestros mares y puertos.

No desaprovechen los guechotarras la ocasión, visiten el buque-insignia y se sentirán felices y orgullosos de su portaaviones.

22 mar. 2019    La Razón    EL ARTÍCULO DE USSÍA