No obstante, una cosa es el prestigio intocable de Bibiloni, y otra lo que ha percibido en moneda por confundir la batalla de Lepanto con la batalla de Trafalgar para borrar a don Cosme Damián Churruca y Elorza del callejero de Palma
Siento una profunda admiración por Bibiloni. El maestro sagaz e historiador cimero. Bibiloni ha sido el eximio ideólogo-historiador que, a petición y pago del Ayuntamiento de Palma de Mallorca, ha elaborado el informe que ha dejado sin calle, por franquistas, a los heroicos marinos españoles Churruca, Gravina y Cervera. Bibiloni ha cumplido con su deber y ha trasladado al papel su inmenso caudal de cultura y conocimientos.
Ahora, después de meter el remo hasta el fondo de su ciénaga particular, el Alcalde Hila, ha reconocido que, efectivamente, ni Churruca, ni Gravina, ni Cervera pudieron ser franquistas, pero sí los barcos de guerra ‘Churruca’ y ‘Almirante Cervera’, que combatieron con los victoriosos Nacionales. También lo hizo el crucero ‘Baleares’, y está por ver cuál será, a partir de ahora, la denominación antifranquista que eligen los burros para identificar a sus islas, porque el ‘Baleares’ combatió heroicamente en la Guerra Civil por el lado Nacional, y por lo tanto, el nombre de Baleares es franquista, según sus asnales entendimientos.
Pero retornemos al maestro historiador-ideólogo de calles y eximio Bibiloni, del que nadie sabe de dónde ha salido y hacia dónde irá.
Bibiloni, como buen historiador, reconoce las altas virtudes de don Juan de Austria, vencedor con la Armada de su hermano Felipe II en la batalla de Lepanto. Formaba la Armada Española, parte fundamental de la Santa Liga, compuesta por España, Venecia, Génova y los Estados Pontificios, de la que era don Juan de Austria, general jefe de la misma. En el golfo de Lepanto, le dieron por retambufa a la flota del turco Ali-Bajá, impidiendo la expansión de Turquía por el Mediterráneo.
Don Juan de Austria contó con el leal y sabio asesoramiento –con permiso de Bibiloni–, de Luis de Recasens, Juan Andrea Doria, Álvaro de Bazán y Juan de Cardona. El sabio Bibiloni, le añade un asesor más. Cosme Damián Churruca y Elorza, del que Bibiloni escribe en su informe histórico-callejero: «Militar español que muere en la batalla de Lepanto». Al fin se entiende, gracias al maestro Bibiloni, la melancolía de don Juan de Austria, el gran militar y hermano natural de Felipe II, consecuencia de un escarceo de Carlos I el Emperador con una señorita de Flandes de muy espectacular aspecto.
Carlos I y Felipe II eran dos tapones, y de ahí la longitud de sus prendas de cabeza, mientras don Juan de Austria medía más de 190 centímetros, que para aquellos tiempos era estatura asombrosa, como hoy lo es la del baloncestista Tavares del Real Madrid, más o menos. Pero a don Juan de Austria le entristeció sobremanera la muerte de Churruca en Lepanto, si bien en este pequeño detalle, Bibiloni se muestre algo descaminado. Porque Churruca, don Cosme Damián, natural de Motrico, murió en la batalla de Trafalgar, allí a la vera de Cádiz, y no en Lepanto. Bibiloni se hace la picha un lío y sitúa a Churruca en Lepanto, cuando entre la batalla de Lepanto, en la que fue dado por el culili el turco, y la batalla de Trafalgar transcurren 234 años.
Un leve despiste del maestro Bibiloni, que para nada dañará o pondrá en discusión su universal prestigio.
No obstante, una cosa es el prestigio intocable de Bibiloni, y otra lo que ha percibido en moneda por confundir la batalla de Lepanto con la batalla de Trafalgar para borrar a don Cosme Damián Churruca y Elorza del callejero de Palma.
Porque estos grandes historiadores que hoy nos alumbran con sus conocimientos como Bibiloni o Echenique, que afirmó que Cataluña era una nación y Aragón carecía de personalidad histórica, la verdad es que cuando yerran, que es siempre, se colocan la fuchinga en la cabeza y el cerebro en el entrepernil, lo cual es ventajoso en ejercicios de gimnasia, pero no en dictámenes históricos. Y más ventajoso para Echenique que para Bibiloni, escrito sea de paso con todo el respeto que merecen, el uno como el otro, que es ninguno.
Opino que el maestro Bibiloni, haría bien en devolver el dinero que ha percibido, adquirir en una librería algún libro, o incluso folleto de Historia de España resumida, o tebeo ilustrado si así lo prefiere, y dejar a Lepanto en su tiempo y a Trafalgar en el suyo, a don Juan de Austria venciendo a los turcos, y al general Churruca falleciendo a causa de las heridas que le produjo el cañonazo de un navío de la Armada de Nelson.
Maestro Bibiloni. A devolver la pasta.
- Publicado en la web de Alfonso Ussía el 27 de marzo de 2021
