Las amenazas del Sr. Trump de hacerse con Groenlandia comprándola o incluso con las armasenlamanorepresentarían, caso de materializarse, una crisis existencial para la OTAN. La experiencia va arrojando luz sobre los métodos de negociación del presidente norteamericano: busca un asunto real, lo define al gusto de sus intereses personales –económicos– lo deforma con mentiras y exageraciones y finalmente lo envuelve en amenazas y egolatrías antes de arrojarlo sobre la víctima. Si encuentra oposición firme, suele retroceder –ahí lo de TACO– sin el menor sonrojo. Intentaré repasar la cronología del más reciente de estos chantajes, el de Groenlandia, para imaginar cuál podría ser la respuesta organizativa militar sin que ello, desgraciadamente, pueda clarificar las causas ocultas que siempre motivan a Trump.
De entrada, debemos señalar que los factores de «seguridad nacional» esgrimidos afectarían no solo a Groenlandia, sino más bien a toda la región ártica. Y eso de que rusos –y más ridículamente aun los chinos– pudieran hacerse con esta isla no está sustentado por ningún análisis serio de Inteligencia. Lo que sí es verdad desde la óptica OTAN es que cuatro acontecimientos relevantes han sucedido recientemente ahí. El primero de ellos es la entrada de Suecia y Finlandia en la Alianza lo que ha desplazado el centro de gravedad del territorio propio hacia al Norte y añadido muchos cientos de kilómetros de frontera directa con Rusia. El segundo es la factibilidad, debido al cambio climático, de utilizar la ruta norte ártica –la que recorre toda la costa rusa– por el tráfico marítimo entre el Pacífico y el Atlántico Norte. La tercera es la invasión de Ucrania por Putin con el recrudecimiento de la amenaza directa a las naciones OTAN del Este de Europa. Y, finalmente, la cuarta son las intimidaciones de Trump a la soberanía danesa sobre Groenlandia.
La presente crisis empezó cuando el gobierno danés intento rebatir indirectamente las acusaciones de Trump de haber descuidado la seguridad de Groenlandia invitando a ciertas naciones aliadas a un modesto ejercicio militar. La primera fase del mismo consistía en un mero reconocimiento del terreno y alojamientos, pero desato un volcán de amenazas económicas y militares contra las naciones participantes. Posteriormente, estas amenazas fueron retiradas cuando milagrosamente apareció una «solución OTAN» de la que no sabemos ciertamente nada. Otro foro alternativo para controlar la crisis, la UE, había sido invalidado previamente por la Sra. von der Leyen, alegando que de la seguridad se ocupa la OTAN y que además formalmente Groenlandia no está incluida en el territorio comunitario ¡Bravo por la futura independencia estratégica de Europa!
La actual organización operativa de la OTAN tiene al SACEUR en Mons –un general o almirante norteamericano de 4 estrellas (*)– en la cumbre estratégica con tres subordinados directos conjuntos, también de 4* a nivel operacional –los «Joint Force Commanders»- de Brunssum, Nápoles y Norfolk (Va, EEUU) normalmente a cargo, respectivamente, de las misiones en el Este de Europa, las que puedan surgir en el Sur o el Atlántico. Por debajo, existen tres componentes a nivel táctico de 3*, que mandan las fuerzas terrestres, marítimas y aéreas desde Izmir, Northwood y Ramstein, respectivamente. Si el JFC de Norfolk se orientara hacia el Ártico, añadiendo a su área de responsabilidad Dinamarca (Groenlandia incluida), Noruega, Suecia y Finlandia, la OTAN podría defender conjuntamente no solo esta isla sino todo el teatro ártico. Posiblemente, hubiera que potenciar los tres mandos componentes de los que dependen tácticamente todas las fuerzas de tierra, mar y aire, subiendo su nivel a 4* y reforzando su relación directa con el SACEUR al tener que operar simultáneamente sobre las tres grandes áreas de interés: Europa Central, es decir la actual del Este disminuida; la del Sur de Europa; y la nueva del Ártico, cuyo Cuartel General pudiera situarse en Suecia. Con esta reorganización solo habría pues que establecer dos nuevos centros de mando: este de 2º nivel en Suecia y otro CAOC -ampliando el de Noruega- y añadiéndolo a los dos fijos existentes en Torrejón y Uedem. Estos CAOCs coordinan todas las misiones de policía aérea en sus áreas de responsabilidad. Se podría calmar así la aguda inquietud de Trump por Groenlandia, dándole un sentido estratégico unificado a todo el Ártico, si es que la seguridad es su motivación real y no la económica de hacerse con los recursos de Groenlandia y los de su plataforma marítima o bien quizás, la de pasar a la Historia como el hombre que amplio el territorio norteamericano, una vez más por dudosos procedimientos. Se evitaría así destruir la OTAN.
Creo pues que con el asunto «Groenlandia» nos encontramos en uno de esos momentos críticos de la Historia pues lo que realmente está en juego es el concepto de soberanía de las naciones europeas. Los militares de la OTAN podrían solucionar este embrollo inscribiéndolo en el más amplio del «Ártico» si es que la administración Trump lo permite. En caso contrario, adiós a la OTAN en un momento en que Rusia amenaza las fronteras europeas con una guerra de conquista y Europa tendrá que prepararse para defenderse sola si quiere sobrevivir en el despiadado orden mundial que se avecina. Todo esto es lo que nos estamos jugando con el «gran pedazo de hielo» de Trump.
Ángel Tafalla Ángel Tafalla. Académico correspondiente de la Real de Ciencias Morales y Políticas y Almirante ( r )
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