Perros robot asturianos para proteger a los militares españoles
Un robot de cuatro patas, equipado con ruedas y cámaras y armado con un fusil acompaña a una patrulla militar en una misión de reconocimiento en una población. Se adelanta a los soldados para acceder a las construcciones y realiza las funciones de avanzadilla, asumiendo el riesgo en lugar del propio soldado. Podría ser la secuencia inicial de una película de ciencia ficción, pero es una escena real que se vivió este febrero en la base militar de Cabo Noval, en Siero (Asturias).
Al cuadrúpedo lo acompañaban efectivos de la Brigada Galicia VII, Brilat, como parte de un ejercicio de validación del mismo. Este perro robot, como lo conocen de forma coloquial, es una creación de la empresa asturiana Alisys Robotics y el ejercicio parte de la colaboración entre el Ejército de Tierra y el Asturias HUB Defensa, un conglomerado que aglutina a 55 empresas que producen tecnología avanzada para el ejército.
El objetivo: impulsar la innovación tecnológica en el ámbito militar. Este Hub de Defensa de Asturias, que agrupa a empresas que trabajan en el desarrollo de soluciones avanzadas, nació en 2022 con la colaboración en su ADN, coordinando al Ministerio de Defensa y sus distintas unidades, el Principado de Asturias y la industria.
Su presidenta, Carolina Díaz, explica que para las empresas supone «una oportunidad única» para ayudar a fortalecer la industria y para cubrir las necesidades estratégicas que tienen las Fuerzas Armadas. Para el Ejército, contar con herramientas imprescindibles ya en la guerra moderna, pues, como se ha podido ver en Ucrania con los drones, la tecnología pasa a ser la gran protagonista del conflicto y la innovación puede mejorar la eficacia en operaciones, incrementar la seguridad de los soldados y optimizar procesos logísticos y de mando y control.
«La tecnología no sustituye al factor humano: lo refuerza», explican a EL MUNDO fuentes oficiales de la Brilat. Trabajan «en estrecha colaboración» con la industria y siempre «manteniendo al combatiente como centro de gravedad» y, como resultado, convierten las soluciones robóticas «en herramientas reales».
Sistemas de vigilancia autónoma, plataformas de simulación para entrenamiento táctico, sensores de última generación, vehículos no tripulados terrestres y aéreos, soluciones de fabricación aditiva, planificación operativa asistida por inteligencia artificial y mejoras en la protección individual y colectiva del personal de las unidades. Las posibilidades son infinitas y la mayoría, duales, de aplicación en el mundo civil y militar, y desde Asturias las exportan a nivel estatal y también internacional.

En los últimos años, uno de sus ejemplos más exitosos cuya aplicación práctica ya se puede ver en España ha sido un dron terrestre de la empresa Svmac que la Unidad Militar de Emergencias (UME) utiliza en rescates de emergencia y otras unidades militares, en tareas de sus adiestramientos como puede ser la limpieza y preparación de campos de maniobras. Ahora, ha llegado el momento de este perro robot, que encara ya su fase de validación.
El Regimiento Príncipe número 3 de la Brilat realizó entre el 2 y el 5 de febrero unas jornadas con pruebas de campo, confirmándose como un socio esencial para validar los proyectos de la industria. Probaron tareas de vigilancia y también pruebas de tiro y, con la experiencia operativa de los militares, ayudaron a ajustar el prototipo a escenarios reales, acelerando su maduración tecnológica.
La colaboración comienza en las etapas tempranas, en el diseño y desarrollo de tecnologías y prototipos, y llega hasta esta fase de validación de la tecnología. Las herramientas se prueban y validan «mediante experimentación, pruebas de campo y simulación» y luego «se integran para aumentar la eficacia y, sobre todo, proteger al combatiente», explican desde la Brilat. La tecnología debe adaptar sus capacidades y resistencia a las necesidades del ejército y ejercicios como este permiten no tanto mejorar el robot en sí sino adaptar su software a las exigencias militares.
Este tipo de pruebas «hacen que las empresas y las tecnologías avancen», explica Díaz. En este caso en concreto, los días de trabajo en Cabo Noval permitieron probar «cómo conseguir sacar a las personas de las situaciones más peligrosas y proteger a las tropas». El perro robot se adelantaba e iba equipado con cámaras, de modo que demostró su utilidad «para proteger a los soldados».
En paralelo, probaron su capacidad de disparo y comprobaron que podrá tener más funciones, como puede ser portar elementos sanitarios y evitar que el soldado tenga que acudir a lugares peligrosos o inhóspitos. Una vez validado, se incorporará a los recursos del Ejército, pero podrá tener también aplicación civil, «desde inspección industrial hasta cuestiones de logística de última milla», con aplicación, por ejemplo, en la industria nuclear.
Actividades como esta se enmarcan en el proyecto Fuerza35, con el que el Ejército se marca como reto disponer en el año 2035 de unas fuerzas terrestres tecnológicamente avanzadas y con potencia de combate, protección y capacidades necesarias para operar eficazmente en los futuros escenarios operativos. Adaptarse a las nuevas realidades de los escenarios bélicos que ya se están viendo en guerras como la de Ucrania, en las que la tecnología es parte fundamental de la estrategia militar.
Mirando hacia Ucrania, Carolina Díaz cita otro de los campos en los que está trabajando la industria asturiana, pues, «estas situaciones aceleran la innovación y la optimización de la innovación, como ha ocurrido a nivel histórico». Se trata de los drones y de los sistemas de detección y alerta temprana para poder localizarlos antes que de lleguen a poner a los soldados o las infraestructuras en una situación comprometida, así como de herramientas para su neutralización o para operar en remoto.
Los soldados ponen a prueba estos artilugios punteros para adaptarse a la guerra moderna: «La tecnología no sustituye al factor humano, lo refuerza»
Natalia Puga
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