Veintiséis días después, ya lo tenemos de vuelta en La Moncloa dispuesto a seguir luchando por lo único que le interesa

Poco podía imaginarse Hussein de Jordania cuando, enamorado de la Isla de Lanzarote, encargó al arquitecto Fernando Higueras la remodelación de una vieja casona situada en un terreno sobre el océano de 30.900 m2, que el palacio que soñó para sus vacaciones en el archipiélago Atlántico iba a convertirse en el lugar de descanso favorito de un personaje como Pedro Sánchez.
Higueras, colaborador cercano de César Manrique durante más de veinticinco años, se ocupó del proyecto de la casa, a la que añadió seis bungalows para alojar al personal de servicio del monarca Alauita. Manrique, el alma de la isla, fue el responsable de la integración del paisaje volcánico en la decoración del complejo palaciego. Así dispuso las piedras basálticas como parte fundamental de los jardines y se ocupó del diseño de la piscina, que adquiere, por el solo hecho de ser fruto de la imaginación del artista, la condición de obra de arte.
Un proyecto, pues, encargado a dos personas exquisitas, que culminaron una obra de gran belleza con la serenidad y austeridad propias de la estética manriqueña, que era la que demandaba el carismático Hussein, que por cierto jamás llegó a disfrutarla, aunque uno de sus hijos escogiera la mansión como destino de su viaje de novios.
En el año 1989, el rey jordano regaló su palacio soñado a su amigo el Rey Juan Carlos, que inmediatamente, y acaso asustado por sus gastos de mantenimiento, decidió donar el complejo a Patrimonio Nacional para que los españoles nos encargáramos a escote del pequeño detalle de los pagos mientras el complejo quedaba adscrito al uso y disfrute de la Familia Real y del Gobierno de turno.
Visitantes ilustres
Allí murió la madre del don Juan Carlos, la condesa de Barcelona, y allí se hospedaron importantísimos mandatarios extranjeros de la categoría de Mijail Gorbachov, Helmut Kohl o la gran figura de la resistencia moral al comunismo en Checoslovaquia, el escritor y presidente de la nación Vaclav Havel. Todos gozaron de la estancia en un lugar único surgido del deseo de un hombre excepcional y la maestría de los artistas que contrató para hacerlo realidad.
Pero lejos quedan los días en que La Mareta podía ser usada según el mejor interés de la nación a la que pertenece.
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Ahora es el campo de recreo exclusivo de un solo hombre que se aferra a las prebendas del poder mientras la nación que en teoría gobierna se desgarra por todas sus costuras. Encastillado, y nunca mejor dicho, en el palacio, ha escuchado los ecos de la invasión marroquí de Ceuta como quien oye llover, confundiendo la playa del trampolín con el trampolín de su propia piscina, paseando por los jardines férreamente custodiados por fuerzas policiales sustraídas a la seguridad de todos los isleños mientras inventa febril para la mansión que ya considera suya de pleno derecho nuevas mejoras, innecesarios lujos de nuevo rico y más instalaciones horteras con las que seguir destrozando la belleza sobria y elegante del proyecto inicial de Higueras y Manrique.
Cuando la mirada se te apacienta en una zona de exclusión marina que llega hasta el horizonte, es muy difícil imaginar las masas de nadadores apropiándose por la vía de los hechos de parte del territorio nacional. De Ceuta a Sánchez le sobra todo, su propia existencia como enclave en África que tanto irrita a Mohammed VI, cuyos intereses parece confundir tan a menudo con los suyos propios, el presidente Vivas y su aspecto de honrado comerciante o la molestia innecesaria que le ha supuesto la invasión en su asueto imperial.
Le pone en evidencia
Acostumbrado a confundir las palabras con la realidad, que los invasores que no quisieron marcharse sigan merodeando por la ciudad en contra del relato de su gobierno le parece, fundementalmente, una afrenta personal. Habituado a llenarse la boca de vacuas proclamas feministas, la violencia sexual de los invasores sobre las mujeres ceutíes, con violaciones denunciadas día a día y niñas que no se atreven a salir a la calle, le fastidia porque le pone en evidencia. Es increíble que esta gente de Ceuta, que encima vota mal, no se deje invadir elegantemente y sin dar la lata en el mes consagrado al dulce descanso del que se proyecta como mandatario eterno. Y mientras tanto, van pasando dulcemente los días hasta alcanzar la cifra de 27 dedicados a la nada más absoluta, récord vacacional de cualquier presidente de la historia de nuestra democracia.
De palacio a palacio, ya lo tenemos en Moncloa dispuesto a seguir luchando por lo único que le interesa, una posición que le permita no tener rozamiento con más seres humanos que aquellos que estén bajo su poder o le deban sus carreras. Mientras tanto, los ceutíes tendrán que sacarse las castañas del fuego solos en lo colectivo mientras deciden en lo personal si se quedan o se van de la ciudad en la que han desarrollado su vida pero a la que su gobierno se niega a defender. Y es que, egoístas como son, no se dan cuenta de que lo único que importa es el descanso del gran líder en la bella mansión que se empeña en destrozar con sus ocurrencias de persona sin gusto. Se lo tienen merecido, por pesados.
Fuente
https://www.vozpopuli.com/opinion/sanchez-y-sus-palacios.html

