Una nueva oleada migratoria contra Ceuta en las próximas semanas es hoy una hipótesis concreta. Menos de un mes después de las entradas masivas del 30 y 31 de julio, cientos de subsaharianos ya han intentado acercarse a la frontera a través de los montes de Castillejos. Marruecos los ha frenado. Y ese es precisamente el dato que debería preocupar a Madrid: Rabat ha demostrado una vez más que puede decidir cuánta presión deja llegar hasta la frontera española.
El 15 de agosto, la Policía, la Gendarmería Real y las Fuerzas Auxiliares marroquíes contuvieron a numerosos grupos a unos tres kilómetros del perímetro fronterizo de Ceuta. Miles de efectivos habían sido movilizados. En los días anteriores se habían detectado concentraciones en los bosques y las zonas montañosas próximas a Castillejos. Patrullas, controles de carretera y despliegues en la costa impidieron que los migrantes alcanzaran la valla. El dispositivo funcionó.
El calendario político de las próximas semanas ofrece, sin embargo, más de un motivo de tensión. El Congreso español se dispone a votar la ley que concede la nacionalidad a los saharauis nacidos en el Sáhara Occidental durante la administración española. Se calcula que podría beneficiar a unas 80.000 personas, mientras que sus hijos podrán ejercer posteriormente el derecho de opción. Para Rabat, que considera el Sáhara parte integrante de Marruecos, se trata de una cuestión especialmente sensible.
La ley llega cuatro años después de la decisión con la que Sánchez cambió la posición española sobre el Sáhara, respaldando el plan marroquí de autonomía, y sacrificó a la ministra de Asuntos Exteriores Arancha González Laya, pero no a su jefe de gabinete, implicado en el caso Gali, quien, tras pasar por el equipo de Borrell, hoy ejerce como jefe de la Casa del Rey… Quién sabe si, atrapado ahora entre Rabat, el PSOE y los mandos policiales, Sánchez tendrá que sacrificar pronto a otro ministro.
Pero volvamos a 2022. Aquel giro recompuso las relaciones con Mohamed VI, pero abrió una crisis con Argelia. Ahora Madrid también está recuperando esa relación. Abdelmadjid Tebboune viajará previsiblemente a España en octubre, después de la visita de Sánchez a Argel el pasado julio. Sobre la mesa siguen estando el gas, las relaciones económicas y, sobre todo, el Sáhara.
Madrid intenta así mantener el equilibrio entre dos interlocutores enfrentados. Por un lado, Marruecos, indispensable para contener los flujos hacia Ceuta y la Península; por otro, Argelia, primer proveedor de gas de España y principal aliado del Frente Polisario. En medio queda una frontera europea sobre la que Rabat dispone de una palanca inmediata, ya utilizada durante anteriores crisis diplomáticas.
La cuestión está precisamente en la capacidad de control que ha demostrado Marruecos. Cuando moviliza hombres y medios, puede frenar los movimientos hacia la frontera varios kilómetros antes de llegar a Ceuta. Si ese dispositivo se redujera, la presión se trasladaría rápidamente al perímetro español. No sería necesario organizar directamente ningún asalto: bastaría con dejar mayor margen a movimientos que ya existen sobre el terreno.
Es aquí donde resulta difícil ignorar la imagen. Miles de migrantes presentes en el norte de Marruecos son como balas ya introducidas en el cargador de un arma diplomática apuntada contra Sánchez y, detrás de él, contra Europa. La fuerza de esa palanca reside precisamente en la posibilidad de retenerlos o dejar que continúen hacia Ceuta.
En las próximas semanas coincidirán tres asuntos que afectan directamente a los intereses marroquíes: la nacionalidad para los saharauis, el acercamiento entre Madrid y Argel y el futuro del Sáhara Occidental. Sánchez tendrá que evitar poner en peligro el entendimiento construido con Mohamed VI mientras reabre plenamente el canal con Tebboune. Ceuta hace que ese equilibrio sea mucho más frágil.
Una nueva oleada antes de octubre no es una certeza. Pero los migrantes ya están a pocos kilómetros de la frontera y Rabat acaba de demostrar que dispone de los medios para contenerlos. Las balas yan están en la recámara. Y el dedo sobre el gatillo.
Costantino Pistilli
Fuente:
https://www.defensa.com/opinion/ceuta-balas-recamara-dedo-gatillo
