Dime, espejo mágico…. Felix de Azua

 

Dime, espejo mágico….

Félix de Azúa
(Barcelona, 1944) es escritor, doctor en filosofía y catedrático de estética.
En junio de 2015 fue elegido miembro de la Real Academia Española.

 

«Sus antecedentes son Fernando VII y Franco. Tras ellos nadie ha logrado concitar tal número de insultos como este desdichado joven atado a una sonrisa venenosa»

 

Dime, espejo mágico…
                                                                  Ilustración generada mediante IA.

Puede acabar siendo una tragedia, aunque hasta el momento solo sea una comedia. Nuestro Gran Timonel (también conocido por el Puto Amo, según uno de sus más abyectos empleados) es un chico que desde que nació solo quería una cosa: gustar, complacer, seducir, cautivar, ser un ídolo. Primero en su casa, donde es de suponer que ya empezó a mentir para fascinar a sus papás. Luego en los colegios, institutos y universidades donde puso los pies, el fraude y la sonrisa. No sabemos si alguien se percató del timo y comenzó la segunda parte de su vida.

Esa segunda parte es terrible porque ningún directivo político ha sido más odiado, más rechazado, más increpado que el pobre Pedro Sánchez, siempre enganchado a la cadena de su sonrisa, sin la cual moriría o se convertiría en un sapo, como el príncipe falaz de los cuentos de brujas y hadas. Sus antecedentes son Fernando VII y el general Franco. Después de ellos nadie ha logrado concitar tal número de oprobios, expulsiones, insultos, como este desdichado joven atado a una sonrisa venenosa.

El contraste es grande. Sus antecesores, Felipe González, JM Aznar, Rajoy, eran sin duda detestados por una parte de la población, pero no hasta el punto de que no pudieran pisar la calle, de que hubieran de vivir rodeados de escoltas y guardaespaldas, que salieran arreando de todas las catástrofes por temor, por cobardía, por incapacidad.

Visto de otro modo, y para obedecer a las consignas de la militancia de género, González, Aznar, Rajoy eran adultos normales y no se avergonzaban de ser varones o de usar maneras propias de lo que la degenerada mafia neobolchevique llama «machista». Pero Sánchez no es de esa clase. Inauguró el desfile de bambis bobos el pobre Zapatero, que ya todos imaginamos siempre probándose las joyas en casa delante del espejo. Y luego, su discípulo más encomiado, Sánchez, ya sin joyas, o sea, a pelo, y así le ha ido.

Esta es la razón por la que el actual Gobierno de España es el que más elemento femenino aguanta, a gran distancia de cualquier otro Gobierno occidental. El descomunal grupo de mujeres ministras, directoras, secretarias, presidentas, delegadas y subdelegadas o jefas de cloaca es alucinante. El resto del Gobierno son hombres pequeñitos, ávidos de poder, pero de los que no se imponen más que contra sus subordinados.

«Yolanda Díaz lo decía en serio: pedía que la asediaran. Es una pobre desquiciada salida de una película de Almodóvar»

Esto no le ha hecho un gran favor al movimiento feminista porque solo han sido elegidas las más sumisas, las obedientes, las inútiles para todo lo que no sea sonreír y dar jabón al niño de mamá. Algunas, como la indescriptible Yolanda, hace unos días aullaba a manifestarse contra el Gobierno del que es vicepresidenta, o sea, contra ella. Esta mujer es una caricatura. Yolanda lo decía en serio: pedía que la asediaran. Es una pobre desquiciada salida de una película de Almodóvar.

Así que ese niño sonriente que quería ser el adorado, el amado, el triunfante, el astro, se va a jubilar pasando a la historia como el más mediocre, estúpido, inepto, destructivo y ridículo de la democracia española, o incluso de los últimos cien años. Un tipo sin ideas, sin principios, sin proyecto, sin convicciones, sin moral, sin escrúpulos, sin cerebro. Un pobre chiflado que estaba convencido de que podía conquistar el mundo con una única arma: su sonrisa.

Desde luego que pasará a la historia, pero como aquella Sor Sonrisa, la monja belga que cantaba, pero acabó suicidándose junto con su pareja, una señora que cuidaba de niños autistas. Esta gente que sonríe tanto da muy mala espina.

 

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