RESPONSABILIDAD Y SENTIDO DEL HONOR, Teniente General IM, r Bisbal Pons

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RESPONSABILIDAD Y SENTIDO DEL HONOR


Siempre me ha gustado hablar de responsabilidad.
Cuando impartía clases en el CESEDEN, solía explicarles a mis alumnos que el término tiene varias acepciones. De todas ellas, la que más me interesa es la que recoge la RAE y que se refiere a la obligación moral que surge como consecuencia de un error o una falta en un asunto determinado.
Los británicos resuelven esta cuestión con un término muy descriptivo: accountability. No es otra cosa que la obligación de dar cuenta de los resultados que se derivan de nuestras decisiones —y también de nuestras omisiones—. Nosotros no tenemos una única palabra que recoja plenamente ese concepto, pero es fundamental entenderlo. Los militares lo tenemos muy claro.
A una autoridad, civil o militar, se le confiere la capacidad de dar órdenes y tomar decisiones. Pero, precisamente por ello, también debe asumir la responsabilidad de sus consecuencias. Así de sencillo.
En un buque de guerra, el responsable es el comandante. Si el buque, como unidad militar, no cumple adecuadamente sus cometidos, a quien hay que pedir responsabilidades es al comandante, aunque el error material haya sido cometido por alguien de la dotación.
La responsabilidad está íntimamente ligada al sentido del honor, que la propia Academia define como una cualidad moral que nos impulsa al cumplimiento de nuestros deberes respecto al prójimo y a nosotros mismos. Sin sentido del honor, difícilmente puede ejercerse plenamente la responsabilidad.
Y es precisamente cuando vienen mal dadas cuando el sentido del honor debe aflorar y empujarnos a asumirla.
Si un comandante vara un buque porque su timonel se ha quedado dormido, sabe que tiene que asumir la responsabilidad. El timonel tendrá que responder por su negligencia, pero la seguridad del buque y la responsabilidad última sobre su navegación corresponden al comandante.
Se pueden delegar funciones, tareas y cometidos. Lo que no se puede delegar es la responsabilidad inherente al ejercicio de la autoridad.
Tristemente, vemos estos días ejemplos de responsables públicos que parecen olvidar este principio. Resulta difícil entender que quien tiene la autoridad para decidir pretenda desvincularse después de las consecuencias de sus propias decisiones.
Como escribió Calderón de la Barca, «el honor es patrimonio del alma» y, por tanto, difícilmente lo encontraremos en políticos desalmados.

 

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