A EUROPA LE TOCA DEFENDERSE

 

 

Nos hemos acostumbrado a creer que la paz es inherente a la democracia y al bienestar social, que el paternalismo estatal desactiva todo riesgo. Rusia nos ha sacado cruelmente de esta autosugestión

ALEMANIA, con gobierno conservador, ha aprobado un proyecto de ley que implanta un servicio militar voluntario, limitado a seis meses. Como el motivo de la iniciativa es reforzar las fuerzas armadas germanas, la ley contempla la opción de convertir el servicio militar en obligatorio si los resultados de su fase voluntaria no son satisfactorios. Esta medida se sitúa en la senda iniciada por el anterior gobierno socialdemócrata, el cual, como respuesta a la creciente amenaza rusa, comprometió una inversión multimillonaria en gasto militar y eliminó las trabas constitucionales a su rearme, frutos de la derrota alemana en la Segunda Guerra Mundial. Mucho han cambiado las cosas para que un gobierno alemán se libere del peso de su historia y asuma la necesidad de incrementar la capacidad de sus ejércitos y de implicar a los ciudadanos en la defensa del país. Otros Estados fronterizos con Rusia y herederos de su relación histórica con Moscú, han seguido el camino del rearme, con los costes que esta opción conllevará en el mantenimiento del Estado social.

El Gobierno español, por boca de su ministra de Defensa, Margarita Robles, ha descartado la reimplantación del servicio militar, que fue suprimido en 2001 por el gobierno de José María Aznar. No habría encaje social a esta medida en la España actual, que se siente erróneamente alejada de la amenaza rusa que se cierne, de nuevo, sobre Europa Oriental. En la guerra moderna, las distancias han pasado a ser un problema menor y esta es una realidad que convendría que todos los europeos asumieran. Es una opción legítima no seguir la pauta alemana sobre el servicio militar, sea voluntario, sea obligatorio, pero entonces hay que potenciar su alternativa, que es el ejército profesional. Lo que no resulta admisible, ni responsable, es permanecer en la indefinición. El Gobierno de Pedro Sánchez no acepta los incrementos presupuestarios que pactó con el resto de socios de la OTAN y habrá que confirmar a final de año si es cierto que España llegará a un gasto equivalente al 2 por ciento de su Producto Interior Bruto. Sus Fuerzas Armadas han perdido efectivos de manera constante en los últimos años. La oferta profesional no resulta suficientemente atractiva desde el punto de vista de la remuneración y de la promoción. Como respuesta al fiasco con la OTAN, el Gobierno anunció en junio pasado que aumentaría la plantilla militar con 14.000 plazas, lo que demuestra que la política de defensa en España es reactiva, sin una adecuada planificación a medio y largo plazo.

En todo caso, al margen de las cuestiones de organización que debe acometer cada Estado, lo cierto es que Alemania ha puesto a Europa ante su realidad más innegable. Rusia ejerce una amenaza constante y su visión imperial, escondida tras impostadas demandas de seguridad e integridad territorial, no se limitará a la rapiña de suelo ucraniano. Los europeos nos hemos acostumbrado a creer que la paz es inherente a la democracia y al bienestar social, que el paternalismo estatal desactiva cualquier riesgo para la plácida vida de nuestras sociedades. Rusia nos ha sacado cruelmente de esta autosugestión para enfrentarnos a algo tan exigible al ser humano como es la necesidad de defender la libertad. Alemania no está sola en sus decisiones militares y está reforzando su cooperación con otros países europeos, como Francia, con la que ha empezado a hablar de disuasión nuclear. Hay un clima evidente en Europa de que es hora de ganar capacidad militar para disuadir a Putin de nuevas agresiones. España debe asumir su responsabilidad en esta nueva etapa.

Fuente:

https://lectura.kioskoymas.com/abc/20250831