¿ A quién defiende Europa? Jose Manuel Adan

 

 

La justicia es un pilar fundamental en cualquier sociedad que busca garantizar la equidad, el estado de derecho y el cumplimiento de los derechos humanos. Sin Justicia libre e independiente es imposible que pueda existir democracia, por ello el pilar fundamental sobre el que se cimienta la Unión Europea consiste en suplementar los sistemas judiciales existentes en cada uno de los Estados, creados con  libertad e independencia y  basados en leyes aprobadas por su sistema legislativo  que garantizan ese sistema de libertades,   con un  sistema judicial europeo, que tratará exclusivamente lo referido en los tratados europeos y fundamentalmente  en relación con los derechos y libertades de los ciudadanos europeos.

En mi opinión, los sistemas judiciales de los países miembros, tienen una mayor calidad técnica que sus “Impares” europeos a los que se les imputa con frecuencia, a veces con razón, un determinado sesgo político. Simplemente porque los representantes jueces o magistrados son elegidos por el gobierno de turno en cada país miembro para su representación en el exterior, sea cual sea el tribunal europeo  al que accedan.

Específicamente en el caso español,  creo firmemente que el Tribunal Supremo español  tiene una mayor calidad judicial, es decir sus Autos, Resoluciones, Diligencias, Providencias y Sentencias son de una mayor calidad judicial que las de los órganos correspondientes de la UE.  Lo recientemente visto con el Abogado General respecto de la Ley de Amnistía es un caso claro, el jurista luxemburgués -cuando presidía el Tribunal Europeo de Derechos Humanos- impulsó la derogación de la doctrina Parot, lo que provocó la reducción de penas a muchos terroristas de ETA y la anticipación de su liberación, causando un gran daño a la  justicia española, y ahora en  el informe emitido sobre la Ley de Amnistía, para este hombre ni existió terrorismo, ni malversación ni auto amnistía a pesar de que todos conocen el chantaje  de los votos por la ley para dejar al inmoral en la Moncloa, y con el argumento jurídico :Parece haberse aprobado en un contexto real de reconciliación política y social, y no constituye una auto amnistía” .Este lego tiene que seguir estudiando.

Los jueces españoles, además de ingresar en  cuerpo de  Jueces mediante una dura oposición, llegar al Supremo supone  que han tenido la experiencia de  cientos y cientos de juicios, manejando la doctrina nacional, algo que ni en sueños ha tenido el Abogado General de la UE en el caso de la Amnistía.  Esos jueces, por ejemplo el luxemburgués, ha estudiado en Lieja y obtenido un master en Cambridge, nada que ver con la experiencia de los magistrados del Supremo. Si además  esa justicia europea no resuelve  que un golpista como Puigdemont no puede ser entregado a la justicia española a pesar de haber existido  una orden de detención y entrega  y este tipo se pasea por Alemania, o Francia y  después reside en Bélgica sin ninguna posibilidad de ser arrestado y devuelto a su país de origen para ser juzgado por el golpe de estado producido a sus instancias en Octubre de 2017, hemos de concluir que esta justicia europea no sirve al interés general  para el que fue creada. El prófugo del maletero, huido desde 2017 ya fue desposeído de su inmunidad euro parlamentaria el 5 de Julio de 2023. Hasta ese punto 6 años transcurridos para ese pequeño logro y  más de  dos años  y medio después sigue en libertad. Si algo tan sencillo como la captura de un golpista que se pasea por Europa, no puede ser ejecutada, cualquier otro asunto de envergadura, será estudiado, eso sí concienzudamente por cerebros del derecho, que al cabo de muchos años dictaran una sentencia que, lógicamente podrá ser recurrida, mientras nuestros nietos crecen  sanos y lustrosos. Que alegría.

El despego en la justicia europea tiene un peso específico más profundo que el de otros sectores porque contradice a todo un país, no solo a sectores económicos o sociales. Todo ello sin obviar la reflexión de si esto le hubiera ocurrido, por ejemplo a Alemania, el luxemburgués hubiera escrito el mismo informe.

Pero Europa se ha enroscado en la denominada cultura “woke” al lado de la agenda 2030 y está destruyendo el sueño europeo. No hay sector que los administradores de la Comisión hayan tocado para intentarlo mejorar y han fracasado estrepitosamente. Ya no oyen a  los agricultores con su exceso de reglamentaciones, y su Pacto Verde, ni a los ganaderos con sus leyes sin haber pisado el campo o a los pescadores con sus limitaciones de cuotas pesqueras en favor de Marruecos, ese dinero tan serpenteante, e incluso con la entrega de fondos a los países que por su complejidad no alcanzan a realizar los proyectos y el dinero queda fuera. España no tendrá 63.360 millones de euros de la UE, el último regalo. Sin entramos en la industria la  obstinación en desechar el automóvil de combustión por petróleo y primar el eléctrico, excesivamente caro y con problemas de abastecimiento y seguridad de sus baterías, aumentar el impuesto al diésel, el empeño en las energías renovables, la destrucción de las centrales nucleares y los pantanos, eleva considerablemente el número de desempleados en este sector y encarece el precio de todos los productos.

La tal Von der Layen, ahora quiere  permitir que los productos procedentes del Sáhara Occidental se comercialicen como si fueran marroquíes, ocultando su verdadero origen y generando una opacidad que afecta directamente a los consumidores y a los productores europeos y fundamentalmente a los españoles. Esta maniobra implica modificar las normas de etiquetado para que frutas y hortalizas cultivadas en un territorio que no forma parte de Marruecos, según reiteradas sentencias del Tribunal de Justicia de la UE, aparezcan en el mercado como mercancía marroquí. De nuevo Marruecos es el gran beneficiario. El dinero serpenteante. El Tribunal europeo ha sido claro en varias ocasiones: el Sáhara Occidental es un territorio distinto y separado de Marruecos, y cualquier producto originado allí debe estar correctamente identificado para no inducir a error al consumidor. Mientras a los productores comunitarios se les exige cumplir estrictos estándares fitosanitarios y laborales, la importación de productos de terceros países —especialmente Marruecos— se ha disparado en los últimos años elevando las importaciones de Marruecos en un 20 por cien. Además la Comisión Europea ha  firmado un pacto con ese país, que debe ser ratificado por el Parlamento Europeo,  mediante el cual  se compromete a ayudar Marruecos a desarrollar el sistema de agua, la irrigación y la energía, en zonas en las que Rabat que se encontraba con dificultades para desarrollar la agricultura  lo que a medio plazo tendría  más posibilidades para producir más y por consecuencia exportar más al mercado comunitario. La competición entre los agricultores europeos y los marroquíes pasa simplemente de ser desleal a imposible.

El Rey Juan Carlos en sus memorias (pag.316 de la versión original) resume “los años de esperanza y negociaciones que se llevaron a cabo hasta el beau jour del 12 de junio de 1985 dónde, rodeado de dignatarios europeos y españoles, tuve el privilegio de firmar  el tratado de integración de España a la CEE. Una jornada llena de emociones en la que veía al fin concretar una de mis mayores ambiciones para España. Yo quise hacerlo en el palacio real en el salón de columnas donde yo firmaría el decreto de mi abdicación en 2014… tuve la impresión de que ese día España entraba deliberadamente  en un nuevo capítulo de su historia y encontraba  el sitio  que se le debía, finalmente integrada en Europa después de haber estado al margen durante cinco decenios. Uno de los mayores éxitos. Un éxito personal y colectivo del que me siento orgulloso”

Creo que una gran mayoría de  españoles que se sienten europeos, hoy piden  a Europa  un cambio  de rumbo para que esa institución no sea un lastre, sino una guía permanente, sin tener que dejar de ser españoles, claro está. El sentir es unánime, Europa no nos protege, solamente nos exige, no vemos valor añadido, el sueño europeo se desvanece.

 

José Manuel Adán                                                         

Economista e Inspector de Finanzas del Estado