El Ejército del Aire se prepara para defender el espacio

Los satélites

La inversión en Defensa que tanto preocupa en la OTAN y en la Unión Europea no supone solo fortalecerse y llenar polvorines en la tierra. Es también trazar una estrategia para defenderse en el espacio. Cosas tan cotidianas como la televisión, Google Maps o el almacenamiento en la nube están garantizadas gracias a los distintos satélites que orbitan alrededor de la tierra. Pero elementos críticos, como posiciones en la guerra de Ucrania o información de movimientos de barcos para que un submarino español pueda emerger, también dependen de lo que hay más allá de la línea de Karman, esos 100 kilómetros entre la tierra y el espacio. Desde hace cuatro años el Ejército del Aire da pasos firmes para defender esa distancia.

El primero lo dio el Ministerio de Defensa el 27 de junio de 2022, cuando en el Boletín Oficial del Estado se dispuso que «a fin de adaptar la realidad militar hacia un entorno en plena evolución de los dominios aéreo y ultraterrestre en uno único, el aeroespacial, se considera necesario que el Ejército del Aire pase a denominarse, desde la entrada en vigor de este real decreto, Ejército del Aire y del Espacio». Se puso en marcha entonces la creación de un Mando del Espacio Aéreo.

Tres años y medio después, el general de división Isaac Crespo está al frente de ese nuevo mando del Espacio, llamado a proteger la tierra desde donde no hay gravitación. «Si perdiéramos todos los servicios que vienen del espacio, volveríamos a los años 90», alerta el general durante una presentación para informar sobre el trabajo que realizan.

El mando está formado por un equipo de 30 personas, y tiene una previsión de crecimiento de en torno al 40% hasta el año que viene, aunque aspira a estar compuesto finalmente por un centenar de soldados más adelante. Esto sólo en el mando, porque el proyecto ya cuenta también con el Centro de Sistemas Aeroespaciales de Observación (CESAEROB), que es una unidad; y se ha puesto en marcha el Centro de Operaciones de Vigilancia Espacial (COVE), que dispone de un destacamento en la Base Aérea de Morón, encargado del mantenimiento del Radar S3TSR.

El reto al que se enfrenta este mando es enorme en tamaño. Tiene que vigilar el espacio, una distancia que han estimado en 210 billones de kilómetros cúbicos. Un gigante que «está militarizado desde Sputnik» y en el que hay cuatro actores: China, Estados Unidos, Rusia y la Unión Europea. Pero en donde la UE se está quedando atrás. «Estamos en una carrera espacial y tenemos que decidir si queremos correrla o no», sentencia el general, que frente al panorama tan desalentador para los 27, asegura que hay que tener esperanza. «El espacio está congestionado, disputado y competido» explica pero «Europa ha tomado conciencia de su propia defensa». En órbita hay en la actualidad 32.700 objetos de más de 10 centímetros, de los cuales más de la mitad son basura espacial.

Esta apuesta por defender el Espacio se concreta también con dos materiales que parecen imprescindibles. El Ejército del Aire y del Espacio apuesta por un satélite policía, bautizado como NEMO, para defender los intereses de España en el espacio. Este año termina la fase de investigación y desarrollo y, aunque la Dirección General de Armamento debe sacar un pliego de licitación para que se construya, el EAE prevé dos fases: una primera en la que un prototipo del NEMO opere en órbita GEO, y otra en la que empiece a operar para garantizar que nadie vulnera los derechos legítimos. Además, quieren adquirir entre seis y siete telescopios ópticos para disponerlos en distintas localizaciones y vigilar el espacio.

Desde el COVE observan las reentradas de objetos no controladas que, según sus cálculos, son una media de 11 al mes. Riesgos que deben estudiar por si en su trayectoria podrían impactar en la tierra o poner en peligro vidas de ciudadanos. Aparte de esas amenazas, hay otras muy claras: «Lo principal es defendernos de un posible ataque cibernético», sintetiza el general, que advierte de que «los servicios fundamentales para la seguridad ya no están en un santuario y hay que protegerlos como las infraestructuras críticas en tierra». Es por ello que el pasado agosto se aprobó la primera Estrategia de Seguridad Aeroespacial Nacional.

Porque la amenaza existe. De hecho, se tiene constancia de que hay dos satélites rusos que desde la guerra hacen movimientos extraños, aproximándose a otros satélites o cambiando de dirección, todo ello en órbita GEO, la más cercana a la tierra. Una suerte de maniobras que tienen precavidos a los países. «Para una buena disuasión necesito capacidades, voluntad de uso y que el adversario sepa que tengo las dos cosas».

Y si desde el COVE estudian las reentradas, el CESAEROB tiene un papel fundamental para realizar informes de inteligencia, apoyar la acción del Estado y mejorar las coordinadas para las comunicaciones.

Proteger el espacio por tanto ya no es una opción, sino una necesidad estratégica. Lo que ocurre más allá de la atmósfera afecta en el día a día de los ciudadanos.

España avanza en esa dirección con estructuras, tecnología y doctrina propias, consciente de que la seguridad nacional también se juega en órbita. La vigilancia, la resiliencia frente a ciberamenazas y la capacidad de disuasión marcarán el futuro inmediato en este nuevo foco estratégico. Porque quien controla el espacio, garantiza también su libertad de acción en la Tierra.

 

SPAINSAT NG II. Desde el COVE fueron testigos del accidente que sufrió el segundo satélite español, que el pasado octubre se lanzó al Espacio. Allí, vieron que el aparato no cambiaba la órbita ni modificaba su rumbo. El objeto espacial con el que chocó no era muy grande, pero cuando se produjo el accidente, el Spainsat NGII circulaba a 80.000 kilómetros por hora, lo que provocó su inutilización.

EL TERCERO. Los análisis de lo sucedido han concluido que será necesario un tercer satélite, cuyos preparativos de fabricación han arrancado inmediatamente. El coste total del programa SpainSat NG estaba presupuestado en unos 2.000 millones de euros para los 20 años de vigencia de este programa militar, que sitúa a España como el quinto país de la OTAN capaz de prestar servicios de comunicaciones seguras de acuerdo a los estándares de la Alianza, junto con Estados Unidos, Reino Unido, Francia e Italia.

 

Fuente:

https://quiosco.elmundo.orbyt.es/epaper/viewer.aspx?publication=El%20Mundo&date=01_02_2026&tpuid=10174&dummy=Madrid#page/20