
Teherán habla de “camino iniciado” pero enfría plazos mientras Washington exige frenar apoyo militar regional y misiles

El ministro de Asuntos Exteriores iraní, Abbas Araqchi – REUTERS
El matiz es relevante. Araghchi habló de consensos y “principios básicos” sobre los que se elaborará un documento, pero advirtió que eso no implica un cierre inminente. “Somos optimistas respecto a la posibilidad de lograrlo”, dijo, antes de señalar que cuando se entre en fase de redacción “el proceso se ralentizará de manera natural”. El mensaje combina avance y cautela: hay arquitectura preliminar, pero los detalles pueden atascar el proceso.

Detalles de las negociaciones y limitaciones propuestas
Un documento mencionado por Al-Jazeera y citado por varias agencias señala que la propuesta negociadora contempla un acuerdo en el que Irán se comprometería a no enriquecer uranio durante un periodo de tres años, y después de ese plazo limitaría el nivel de enriquecimiento a menos del 1,5 %. Los aproximadamente 440 kilos de uranio enriquecido al 60 % serían transferidos a un tercer país por determinar.
De confirmarse en los términos planteados, esto representaría una reducción sustancial del riesgo inmediato de proliferación, ya que alejaría a Irán del umbral técnico necesario para fabricar material fisible apto para armas. Araghchi afirmó que Irán no busca fabricar ni adquirir armas nucleares y que este tipo de armamento no forma parte de la doctrina de seguridad nacional del país.
La fórmula indica que Teherán presenta las concesiones técnicas como temporales y voluntarias, no como una renuncia estructural a su capacidad nuclear. En Washington, el presidente Donald Trump informó que participaría de manera indirecta en las conversaciones.
Derechos nucleares de Irán y contexto jurídico
Tras darse a conocer el principio de acuerdo, su entorno ha señalado que el objetivo sigue siendo impedir que Irán se acerque a la capacidad de fabricar un arma nuclear y garantizar mecanismos de verificación estrictos. La Casa Blanca no ha especificado aún el alcance exacto de los compromisos iraníes, pero se mantiene como condición indispensable la exigencia de controles robustos por parte del Organismo Internacional de Energía Atómica.
El traslado al extranjero del uranio enriquecido al 60 % sería, en ese sentido, una medida de impacto inmediato. No elimina el conocimiento técnico acumulado por Irán ni desmantela su infraestructura, pero reduce el stock disponible para un eventual “salto” rápido hacia niveles militares. El precedente de acuerdos anteriores muestra que la combinación de límites cuantitativos y supervisión internacional es el único terreno donde las posiciones pueden acercarse sin que ninguna parte declare una derrota.

Reacciones y exigencias de Estados Unidos
El marco negociador, sin embargo, no se limita al ámbito nuclear. Washington exige que Irán deje de transferir armas y tecnología militar a aliados regionales no estatales, en referencia directa a Hezbolá y a milicias chiíes en Irak y Yemen. Teherán, según las informaciones disponibles, estaría dispuesto a comprometerse a no iniciar el uso de misiles balísticos, pero sin aceptar una reducción estructural de su arsenal ni de su alcance. Aquí se concentra uno de los principales puntos de fricción.
Para Israel y varios Estados del Golfo, los misiles iraníes representan una amenaza estratégica permanente. Para Teherán, constituyen su principal herramienta disuasoria frente a una eventual agresión externa. La cúpula iraní, con el líder supremo Ali Jamenei y los mandos militares al frente, difícilmente aceptará un desmantelamiento que deje al país sin capacidad de respuesta. Desde esa óptica, limitar el programa nuclear es asumible si se compensa con garantías económicas; debilitar la disuasión convencional entra en otra categoría.
Traslado de uranio y supervisión internacional
El contexto regional añade presión. En las últimas semanas, Estados Unidos ha reforzado su presencia militar en la zona y Trump ha advertido que, si no hay acuerdo, la opción militar sigue sobre la mesa. Irán ha respondido que las consecuencias de cualquier ataque no se limitarían a su territorio. Araghchi lo expresó con una doble línea: “Se ha abierto una nueva ventana de oportunidad con las negociaciones con Estados Unidos”, pero “Irán está plenamente preparado para defenderse de cualquier amenaza y acto de agresión”.
Ese equilibrio entre apertura y advertencia define el momento actual. El principio de acuerdo reduce la probabilidad inmediata de una escalada, pero no elimina las tensiones estructurales. La fase de redacción será decisiva: cada verbo, cada calendario de levantamiento de sanciones y cada mecanismo de inspección puede alterar el balance político interno en Washington y Teherán.

Exigencias no nucleares: apoyo militar regional y misiles
Hay, además, un cálculo político evidente. Trump necesita mostrar que su estrategia de presión produjo resultados tangibles. El liderazgo iraní necesita presentar cualquier limitación como fruto de una negociación entre iguales, no como consecuencia de la coerción. De ahí la insistencia en los “derechos inalienables” y en la temporalidad de las restricciones.
Si el borrador consolida el parón de enriquecimiento, la reducción a menos del 1,5 % y la salida del uranio altamente enriquecido, el escenario nuclear cambiará de forma significativa a corto plazo. Pero el expediente de misiles y el apoyo regional seguirá abierto. El acuerdo que ahora se perfila no resuelve todas las disputas; acota el riesgo más urgente y traslada el resto a una fase posterior.
En diplomacia nuclear, eso ya es un movimiento sustantivo. La cuestión es si ambas capitales estarán dispuestas a sostenerlo cuando la negociación deje de ser un principio y se convierta en compromisos verificables con costes políticos concretos.