Gibraltar, otro triunfo británico Jose Manel Adan

 

El menguado Albares ha enviado redactado solo en inglés a los ayuntamientos de la comarca gibraltareña, el pacto traidor entre la Comisión Europea y el Reino Unido, y que solo por este no menor detalle debería haber sido destituido. El texto de unas mil páginas está cerrado en el plano diplomático, pero su aplicación exigirá decisiones en materia de movilidad, coordinación aduanera, seguridad, fiscalidad y planificación urbana. El Tratado firmado entre la Unión Europea y el Reino Unido el 3 de Febrero de 2026 no da un solo paso ante la soberanía española del peñón de Gibraltar. El nuevo Tratado sorprende en primer lugar porque España no está entre los países firmantes ,se ignora su soberanía , y en otro orden no menor , no se pone freno al expansionismo inmobiliario de Gibraltar, junto a los aspectos domésticos que el socialismo considera positivos : la situación legal y laboral de los fronterizos, implantar un IVA en el Peñón y establecer una zona Schengen, a cambio de eso, nos quedamos de nuevo inermes ante nuestros objetivos históricos.
Gibraltar en 1704 contaba con unos 5.000 habitantes cuando fue ocupada por una mayoritaria fuerza anglo holandesa de 18.000 soldados, que apoyaba al archiduque Carlos durante la guerra de Sucesión española, expulsando a sus habitantes que se arracimaron en la cercana ermita de San Roque, origen de la ciudad actual. En 1713 el peñón fue cedido mediante el Tratado de Utrecht a Inglaterra por el débil Felipe V Rey de España y que como todo el mundo sabe, ingleses incluidos, con la condición, entre otras, de no poder comunicarse por tierra con el resto de istmo. Posteriormente a causa de una epidemia, España acordó la cesión de una zona humanitaria provisional entre el peñón y las fortificaciones españolas cuya mitad más próxima a Gibraltar fue ocupada por los británicos ilegalmente, haciendo notar, por si había alguna duda, la estirpe pirata de la que descienden. La verja fronteriza fue levantada por los británicos (1909) y el aeropuerto (1938) construido vergonzosamente cuando los españoles luchaban en la guerra civil española, aprovechando el terreno robado y nunca reconocido por España como británico. Posteriormente la colonia fue transformada unilateralmente en territorio británico de ultramar (“British Overseas Territory), al que el Reino Unido le concedió, una serie de competencias, entre ellas la de ser tenida en cuenta su población en caso de cesión de soberanía, en contra del Tratado de Utrecht, porque simula una cesión de territorio a los lugareños, cuando es un Tratado entre dos Reinos y el mismo Tratado señala que si existe transferencia de territorio, debe ser España, la que en primer lugar debe recibirlo. Con este juego permanente y tras la declaración de Lisboa por la que se insta a los dos países a iniciar la descolonización del territorio, los británicos, como buenos émulos de los corsarios siempre encuentran una excusa para terminar pronto las discusiones o poner alguna traba esperando seguir más tarde. Eso sí, vestidos de bombín y paraguas, no les vayan a confundir con algún personaje de Dickens.

Gibraltar desde 2019 no forma parte de la Unión Europea y esa colonia era la frontera sur del continente europeo y como tal frontera los transeúntes deben disfrutar de las mismas formalidades aduaneras que encontramos al pasar a Rusia, o a Marruecos. No existía espacio Schengen, no podía haber libertad de movimientos de personas ni de bienes. Debería haberse elaborarse un Tratado bilateral Reino Unido- Reino de España que estableciera las condiciones de ese intercambio, y si para esa fecha hubiéramos tenido los políticos y diplomáticos adecuados, se podría haber estado en el camino de al menos, hacer respetar exclusivamente el Tratado de Utrecht y comenzar a hablar verdaderamente de descolonización, de acuerdo con lo establecido en las resoluciones de Naciones Unidas. Y no nos hubiéramos preocupado de los gibraltareños que es la excusa corsaria de los británicos, porque solo les interesa la base naval y si los llanitos convierten la colonia en un burdel económico y financiero les da igual porque además a los gibraltareños, gracias a España y a la Unión Europea, hasta hoy, se les permite vivir en la Costa del Sol, no junto a los monos. Hay que tener en cuenta que para que los ingleses consideren que todavía tiene un imperio, es necesaria la soberanía sobre todo un peñón y en Marzo de 2019, el Ministro de Defensa del Reino Unido Michael Fallon, declaró “Vamos a ahora, con motivo del Brexit, , a proteger Gibraltar hasta sus últimas consecuencias”. Y es lo que han hecho, lo que un gobierno español decente debería haber hecho, defender nuestra tierra , defender nuestra Nación. Pero con Sánchez y Albares, que se puede pedir.

El asunto, para nosotros problema de Gibraltar, como consecuencia del Brexit, se condicionó a que España diera luz verde a un futuro acuerdo bilateral. Teníamos poder de veto sobre Gibraltar y lo hemos perdido cuando hemos cedido su contenido aprobación y negociación a la UE. El nuevo Tratado no soluciona nada relacionado con nuestros objetivos históricos. Gibraltar es un problema que afecta únicamente a España y al Reino Unido como potencia administradora de un territorio no autónomo del capítulo X de la Carta de Naciones Unidas, y al final, siempre agachando la cabeza ante los británicos y esta vez ante el resto de europeos, es un acuerdo perdedor para los intereses españoles al no contemplar la parte más importante: su soberanía.

Es incomprensible que un territorio español sometido a descolonización, cuando surgen problemas de dislocación del Reino Unido, tenga que ser discutido por un tercero, como en este caso es la UE, con la falta de conocimiento de nuestra Historia, dignidad, y legitimidad que inunda nuestra razón pero, que en manos ignaras empujadas por las cobardes y amorales de nuestros representantes, abocan a una sumisión ante los británicos, una vez más. Es una falta de responsabilidad de nuestro Jefe del Estado, y de nuestro Jefe de Gobierno el haber dejado en manos de la Unión Europea el pacto con el Reino Unido a causa del Brexit, permitiendo que dicho acuerdo
no cuente con la firma de España, previa su discusión y en todo caso aprobación en las Cortes españolas.
La vergüenza de tener en Europa una colonia, después de haberse independizado Chipre, Malta, la India o Hong Kong y no haber seguido las Resoluciones de las Naciones Unidas, ha continuado con el desprecio del Reino Unido al Tratado de Utrecht, el robo de territorio y aguas españolas para construir un aeropuerto y una base naval, donde permanentemente hacen escala submarinos nucleares nunca ha sido respondida con firmeza por España ni en la OTAN ni en la Unión Europea ni en Naciones Unidas. Nuestra debilidad es su fuerza. No creo, como tampoco se creyó en la Dictadura que Gibraltar merezca una guerra, como también creo, que el actual Ejército español ocuparía Gibraltar con relativa facilidad y lo mantendría para la Corona de España.

El actual Tratado convierte a España en un convidado de piedra y concede al peñón más beneficios que antes del Brexit, por lo que en esencia, hemos ampliado de hecho los beneficios a los corsarios en el nuevo tratado de” Utrecht”. El Tratado con Gibraltar quita la Verja, somete a la colonia a supervisión de la UE pero blinda la soberanía británica. De nuevo inclinarse ante los piratas ingleses por un mendrugo de pan; para que los trabajadores españoles entren fácilmente al peñón a trabajar y a limpiar lo que puedan, mientras los británicos avasallan con su maldito imperio de hojalata. Gibraltar ocupa hoy más territorio que el que España cedió al Reino Unido. El enclave ha ampliado su superficie un 15% mediante territorios ganados al mar durante cinco décadas, incorporando cerca de un millón de metros cuadrados inexistentes cuando se firmó el Tratado de Utrecht en 1713. El incremento, se ha producido mediante rellenos artificiales que han permitido crear suelo urbanizable, infraestructuras y áreas portuarias donde antes solo había agua. El Tratado de Utrecht establecía literalmente la entrega “de la ciudad y castillo de Gibraltar, juntamente con su puerto, defensas y fortalezas”, sin incluir el istmo ni las aguas circundantes ni prever ampliaciones territoriales posteriores. El texto tampoco autorizaba expresamente la ocupación de terrenos adyacentes ni la creación de nuevas superficies sobre el mar. España sostiene desde entonces que la soberanía británica se limita a ese perímetro original y que los rellenos ejecutados desde el siglo XX han creado un territorio inexistente en el momento de la cesión, al margen de lo previsto en el acuerdo internacional. Esta ampliación territorial acumulada precede al acuerdo alcanzado entre la Unión Europea y el Reino Unido que redefine la relación de Gibraltar con el espacio comunitario tras el Brexit. El tratado elimina la verja física que separaba el Peñón de La Línea de la Concepción y traslada los controles al puerto y al aeropuerto, integrando de facto el enclave en el espacio Schengen en materia de circulación de personas, sin modificar su soberanía británica ni la posición histórica española sobre el territorio. Gibraltar promovió urbanizaciones completas construidas sobre terrenos artificiales, como Ocean Village y Marina Bay, que incorporaron viviendas, puertos
deportivos y zonas comerciales. Estas actuaciones permitieron crear barrios enteros inexistentes hasta entonces, ampliando la capacidad residencial y consolidando el desarrollo inmobiliario. El proyecto más ambicioso actualmente en ejecución es el denominado Eastside, en la fachada mediterránea. mediante rellenos destinados a viviendas, hoteles y un puerto deportivo Este desarrollo prevé crear nuevas superficies.

España siempre ha sostenido (hasta ahora) que estos terrenos no estaban incluidos en la cesión recogida en el Tratado de Utrecht, al no haberse transferido las aguas circundantes, mientras el Reino Unido considera que forman parte del territorio del enclave. Esta discrepancia permanece sin resolver y constituye uno de los elementos de fondo en la relación bilateral. El acuerdo alcanzado entre la Unión Europea y el Reino Unido no altera esa posición jurídica, pero modifica el funcionamiento práctico de la frontera. La eliminación de la verja y el traslado de los controles al puerto y al aeropuerto permiten la libre circulación de trabajadores y mercancías, bajo supervisión europea. El tratado establece un marco estable tras la salida británica de la UE y redefine la operatividad del enclave dentro del entorno comunitario. Parte de la pista se apoya sobre rellenos ejecutados en el istmo que conecta el Peñón con el continente. Esta ampliación permitió reforzar la operatividad de una infraestructura estratégica para la conexión aérea del enclave y consolidó su presencia física sobre un espacio especialmente sensible desde el punto de vista territorial. La pista del aeropuerto de Gibraltar es la mayor infraestructura corsaria ganada al mar. Aunque España a sostiene que estos terrenos no estaban incluidos en la cesión recogida en el Tratado de Utrecht, al no haberse transferido las aguas circundantes, el Reino Unido considera que forman parte del territorio del enclave. Como siempre la lucha entre un pirata y su presa.
En el plano económico, Gibraltar se integra en una unión aduanera con la UE. Se eliminan las barreras físicas de movimiento de mercancías pero se aplicarán normas europeas en materia aduanera, fiscal indirecta y control de ayudas de estado. El objetivo es preservar el mercado único y evitar el fraude.

La cooperación policial y judicial, se establece mediante mecanismos de colaboración con agentes como la Europol y Eurojust, intercambio de antecedentes penales y procedimiento de entrega de personas. Aun así, Gibraltar no tendrá acceso a las bases de datos de la UE. Para supervisar el sistema se crea un Consejo de Cooperación conjunto , encargado de velar por la aplicación del acuerdo y resolver las disputas. Hay una cuestión controvertida como es el uso del aeropuerto. Gibraltar no entra en Schengen, pero desaparecen los controles fronterizos (lo que en esencia es lo mismo) entre el peñón y los estados que lo aplican. A cambio España asume los controles Schengen en el puerto y en el aeropuerto. Toda persona que entre por esas vías será sometida a doble control , primero por las autoridades de Gibraltar y después por las españolas que aplicarán el Código de Fronteras de Schengen. Los controles se realizarán por personal gibraltareño y policía española adscrita al Frontex, lo que supone junto a la supresión de la verja, una aplicación extraterritorial de Schengen, y reconoce jurídicamente el control británico sobre el istmo, que es español al no entrar en Utrecht. Mientras la entrada y salida de soldados británicos, fuerzas no residentes del Reino Unido en el peñón y fuerzas visitantes, estos efectivos están exentos de pasaporte y visado y no se someterán a los controles Schengen siempre que presenten documentación militar y órdenes de movimiento. Los soldados españoles no podrán entrar en Gibraltar.

Todo una delicia para los trabajadores del Campo de Gibraltar a cambio de una humillación más de nuestro gobierno que debería haber forzado , con las razones de Utrecht y las Naciones Unidas, nuestra soberanía sobre nuestro Gibraltar.

José Manuel Adán Madrid, 16 de Marzo de 2026
Economista e Inspector de Finanzas del Estado