Hay que «despemanizar» a España. Esa fue durante largos años la consigna del sector más radical de la Falange de Franco. La influencia del escritor se había convertido en una realidad innegable. José María Pemán, conforme a la afirmación de Umbral, ha sido el mejor articulista de la entera historia del periodismo español. Fue, además, un orador de excepción, un dramaturgo de éxito, un ensayista de pensamiento profundo, un poeta no desdeñable. Cuando falleció su mujer, Pemán escribió desde el fondo de su cristianismo: «Porque lo mandas y quieres, porque es tuyo mi dolor, bendita sea Señor, la mano con que me hieres».
En los años treinta se enfrentó a la II República, que nunca fue una República de todos, sino la fórmula que conducía a España a convertirse en una República soviética, cuando Moscú se había consagrado como el faro del sector más vanguardista de la vida intelectual europea. Entre la dictadura del proletariado que impulsó Negrín, es decir, el comunismo y la dictadura de la clase media que era lo que significaba Franco, Pemán estuvo a favor del franquismo durante la guerra incivil.
«José María Pemán fue un escritor de éxito permanente, un enamorado de la libertad y, sobre todo, un hombre bueno»
Al término de la contienda cainita, el autor defendió la libertad. Con hechos, no solo con palabras. Consiguió el indulto para el comunista Buero Vallejo, el mejor dramaturgo español desde Calderón. Apoyó a infinidad de representantes de la izquierda verdadera, entre ellos al comunista Alfonso Sastre y a varios de los compañeros del autor de La mordaza. Y fue presidente del Consejo Privado de Don Juan III de Borbón, el hijo de Alfonso XIII, perseguido él y muchos de sus consejeros por el odio africano de Franco. Contribuyó Pemán a que se hiciera realidad la Transición, es decir, el trasvase de una dictadura de cuarenta años a una democracia pluralista plena. Falleció en 1981 en olor de multitud. Hace unos años tuvo que venir un sectario a retirarle el título de hijo predilecto de Cádiz, así como las placas públicas y los recuerdos de la admirable vida literaria que le llevó a la dirección de la Real Academia Española. Sus hijos y sus nietos recurrieron y la Justicia ha anulado la decisión del Ayuntamiento de Cádiz. Tuve la suerte de tratar durante muchos años al autor de Las soledades del rey. Fue un escritor independiente, un enamorado de la libertad. Y, sobre todo, un hombre bueno
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