► Tras la cesión de España en 1961, el país alauí dejó que el enclave entrara en un declive que ha culminado con su eliminación
La derrota de los franceses en Dien Bien Phu en 1954 marcó el final de los imperios coloniales. Dos años después, Francia anunció su renuncia a ejercer el Protectorado en Marruecos, lo que arrastró a España: a las 06:00 horas del 7 de abril de 1956 se firmó la declaración conjunta por la que nuestro país reconocía la independencia alauita.
A partir de ese momento comenzó un repliegue progresivo –con un plazo de cinco años– que terminó con la entrega del último enclave militar español: el 28 de febrero de 1961, la IV Bandera abandonó el poblado de Riffien, la cuna de La Legión, en manos de las Fuerzas Reales Marroquíes. Eso supuso la pérdida del cuartel de Dar Riffien (o Cabeza del Rifeño), uno de los edificios más con mayor valor histórico y arquitectónico de la época del Protectorado (1912-1956).
Azulejería, torres, arcos, remates… el conjunto formaba uno de los puntos más emblemáticos del entorno de Castillejos, a escasos cinco kilómetros de Ceuta, pero desde el martes no queda rastro de las instalaciones, según adelantó «El Faro». Marruecos ordenó su derribo, y hoy solo queda un solar en el antiguo enclave legionario, cuya destrucción ha levantado una polvareda de indignación en redes sociales.
El Gobierno de España podría haber conservado la propiedad e intentado la supervivencia del enclave, aunque no faltan otros inmuebles singulares como el ceutí Pabellón de Las Heras, que amenaza ruina y se viene abajo tras sucesivos desprendimientos sin que el Ministerio del Interior, en este caso el responsable, haya hecho nada para evitarlo. En 2008 fue demolido el antiguo cuartel del Parque de Artillería, pero se ordenó salvar el viejo acuartelamiento de Las Heras, que se suponía iba a estar protegido.
En el caso de Dar Riffien, el cuartel se sume en el abandono absoluto por parte de Marruecos una vez en sus manos, desentendido del edificio hasta el desenlace que ha borrado por completo su silueta frente al mar. Unas instalaciones que conformaban una ciudad en miniatura, por sus dimensiones y los servicios que alojaba, que inauguró Alfonso XIII el 5 de octubre de 2927 –le acompañó la Reina Victoria Eugenia, que hizo entrega de una bandera–, y cuyo primer jefe fue el joven comandante Franscisco Franco.
Los veteranos se encuentran «muy dolidos» por la pérdida de un cuartel «que forma parte del periodo fundacional de la historia de la Legión, muy vinculado a la presencia de España en el norte de África», señalan a LA RAZÓN fuentes de la Plataforma Patriótica Millán Astray. Lo que ha ocurrido «demuestra el poco interés por las autoridades españolas en mantener viva la memoria de la Legión», apuntan estas fuentes, «parece que les preocupa más quitar el nombre de Franco de la I Bandera que mantener ese patrimonio, por lo que supone la presencia de España y la defensa de ese territorio, en definitiva, mantener los vínculos históricos». Tras el reciente fallo de la Audiencia Nacional en contra de su deseo de conservar la Bandera Comandante Franco, los antiguos miembros del Tercio suman una nueva «afrenta» a sus tradiciones. «Lo vemos con estupor, ahora que presumimos de buenas relaciones con Marruecos se podría haber hecho otra cosa, y más con el reciente centenario de la Legión, con un edificio que cuenta con valor arquitectónico y cultural».
Hoy, en una colina que domina una playa colindante junto al solar del acuartelamiento se ha construido la urbanización de Alcudia – Smir. Desde allí hay unas magníficas vistas de Ceuta, el mar, los montes del Jebel Musa y la cercana ciudad de Castillejos-Fnideq.
Ya son solo recuerdos en fotografías y vídeos disponibles en YouTube, pero en Darr Riffien había amplios dormitorios con literas, comedores con mesas de mármol, aulas con escuelas y academias, bibliotecas, residencias y comedor de oficiales y suboficiales y, por supuesto, cantina para la tropa. El patio de armas contaba con tribunas y el cuartel disponía de alumbrado eléctrico, agua corriente, sala con billares y mesas para juegos, duchas, letrinas, lavanderías mecánicas, pista de aplicación, polideportivos, almacén de armamento y de prendas para los legionarios, según recopilación de Francisco Sánchez Montoya, investigador local.
En este lugar se forjaron los mejores momentos de la historia de la Legión, cuando su fundador en 1920, Millán Astray, y su comandante Franco organizaban las unidades para los combates en la guerra de África. La contienda que forjó un Ejército que tendría un papel clave en la Guerra Civil.
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