La Princesa ingresa este lunes en la Academia del Aire de San Javier (Murcia)
Seguramente existen pocos arquetipos más alejados de un joven de la «Generación Z» que otro joven de la «Generación Z» que aspira a heredar el trono de una Monarquía europea. La realidad homogénea de las redes sociales puede generar una falsa sensación de uniformidad contemporánea, pero lo cierto es que lo que representa (o debe representar) hoy día el primero en la línea de sucesión de una dinastía reinante se da de bruces con los valores que imperan entre los «zetas». En un interesante estudio realizado este año por tres investigadores de la Red de Estudio de las Monarquías Contemporáneas (Remco) se analiza la dificultad que presenta la formación de los príncipes europeos con posibilidades de reinar en la era de Instagram, un mundo cada día más complejo en el que les tocará servir a sus conciudadanos. Bajo el título «Educando Reyes», el documento, elaborado por los profesores Tania Alonso Sainz, David Reyero y María José IbáñezAyuso, disecciona el camino seguido en tres monarquías del Viejo
Continente: Dinamarca, Reino Unido y España. Una de las primeras conclusiones del estudio comparado es la enorme disrupción entre la motivación de la «Generación Z» y la de los herederos. Conceptos como virtud, entrega, sacrificio o misión, que guían la formación de los «royals», se contraponen a los parámetros de búsqueda de emancipación, libertad de elección o autonomía personal que están detrás de la trayectoria educativa de sus coetáneos. En ese sentido, la búsqueda del propio camino nace capada cuando el objetivo es la Corona.
En el caso de la Princesa de Asturias, el diseño del que iba a ser su currículum fue cuidadosamente perfilado desde la cuna. A buen seguro que los deseos de la propia interesada fueron los últimos condicionantes de una discusión en la que participaron distintas personas e instituciones, incluido el Gobierno.
De lo que no hay duda es de que la Reina Letizia ha sido la que ha tenido la última (o una de las últimas) palabras. Tal y como explicaba en 2021 José Antonio Zarzalejos en «Felipe VI. Un rey en la adversidad» (Planeta), «existe entre las hijas y su madre una complicidad real y sincera en la que no se dan factores de imposición o coactivos. Letizia ha hecho de la educación de sus hijas su objetivo principal y prefiere que en esa misión no medien, al menos de momento, terceras personas».
El celo de la Reina en lo que respecta a sus hijas es público y notorio. Desde la excelencia de los discursos (da igual catalán que gallego), hasta el conocimiento profundo de los temas (cuentan que Serrat estuvo sonando una semana en Zarzuela antes de los Premios Princesa de Asturias de 2024): Doña Letizia es inasequible al desaliento. Y donde no llega, como en el caso de la formación militar, las personas delegadas cuentan con su absoluta confianza. Es el caso de Margarita Pardo de Santayana, la teniente coronel que supervisa la instrucción castrense y de la que la Reina se declara profunda admiradora.
No parece que ocurriera lo mismo en el caso de Felipe VI. El que fuera tutor del entonces Príncipe de Asturias entre 1984 y 1993, José Antonio Alcina, escribió tras su cese uno de los libros más completos sobre el proceso de educar a un príncipe. Militar de carrera, desde 1974 había servido como ayudante de Campo del Rey Don Juan Carlos. En «Felipe VI. La educación de un Rey» (La Esfera de los Libros), Alcina escribe cuánto le llamó la atención que no hubiera un camino preestablecido para las Infantas y el Heredero. «Una de mis primeras sorpresas fue, precisamente, la inexistencia de instrucciones al respecto», cuenta en el libro. El mencionado estudio de Remco recuerda cómo la diatriba sobre si Don Felipe debía o no recibir instrucción militar fue objeto de artículos periodísticos y análisis de intelectuales varios en una España que acababa de estrenar la democracia unos años antes. Finalmente, tal y como rememora en el citado libro, el 4 de julio de 1984 la Casa del Rey hacía público un comunicado en el que se anunciaba la hoja de ruta de la educación del Heredero: Canadá, estudios militares y, por último, una carrera universitaria.
La Princesa de Asturias ha seguido
Los herederos son de los pocos ciudadanos que saben que nunca ejercerán la profesión que estudien
Doña Letizia es la que tiene una de las últimas palabras: «La educación de sus hijas es su objetivo» a pies juntillas el esquema pergeñado para su padre. En su caso, después de terminar su formación básica en el colegio Santa María de Los Rosales, el mismo en el que estudió Felipe VI, Gales (Escocia) fue el lugar escogido para su graduación tras una experiencia internacional de dos años.
El paso por las Academias militares también está siendo calcado. Un curso completo en cada una de las tres Academias del Ejército español. Primero, Tierra en Zaragoza, luego la Armada en Marín (Pontevedra) y mañana, uno de septiembre, ingresa en la del Aire en San Javier (Murcia).
La instrucción militar es un denominador común en los tres países analizados por los investigadores de Remco. En el citado informe se llega a la conclusión de que «la formación castrense es uno de los elementos de mayor envergadura y tradición, no solo en el caso español, danés y británico, sino también en otras monarquías europeas». El documento se pregunta hasta qué punto tiene sentido o solo se trata de una «mera obligación funcional o gesto protocolario» y también cuándo resulta el mejor momento para ello. A diferencia del caso de los Borbones, la dinastía Windsor retrasa la experiencia militar formativa hasta después de la Universidad.
La obtención de un título universitario reglado es un «must» para los que van a reinar, aunque, precisamente, sean de los pocos ciudadanos que no van a ejercer la profesión aprendida en toda su vida. Aún se desconoce qué estudiará la Princesa Leonor cuando salga el próximo mes de julio de la Academia de San Javier con rango de teniente, pero todo apunta a que, al menos, incluirá Derecho y Economía como materias básicas. Su padre se licenció en leyes en la Universidad Autónoma de Madrid
Alcina, preceptor de Felipe VI, expresó su «sorpresa» por la ausencia de un camino marcado. «El papel de los hermanos ya no se define únicamente por su función como posibles reemplazos» antes de hacer un Máster de Relaciones Internacionales en Georgetown (Washington DC).
El pasado mes de julio Zarzuela anunció que la Infanta Sofía estudiará Ciencias Políticas y Relaciones Internacionales en un centro privado británico en las ciudades de Lisboa, París y Berlín. Una decisión que ha sido cuestionada por tratarse de una carrera que también se imparte en la Universidad pública española.
El papel de los hermanos de los herederos europeos también se trata en el estudio de Remco: «Dado que los príncipes suelen asumir el trono en edades avanzadas, el papel de los hermanos ya no se define únicamente por su función como posibles reemplazos. Su función ya no se limita a ser una reserva institucional, sino que también se orienta hacia el apoyo, la representación y el fortalecimiento de los valores y responsabilidades que sustentan a la institución».
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