Fue incluido en un grupo de Signal donde el vicepresidente Vance muestra su desprecio por Europa
De forma insólita, poniendo en riesgo la seguridad de Estados Unidos, la vida de sus soldados y el éxito de una operación militar, el máximo responsable del Pentágono compartió accidentalmente detalles secretos previos a un ataque a Yemen con un periodista, según reveló ayer él mismo, Jeffrey Goldberg, redactor jefe de The Atlantic.
Dos horas antes de que cayeran las primeras bombas sobre objetivos hutíes, el pasado 15 de marzo, Goldberg recibió por error información precisa sobre el plan militar, incluidos los blancos, las armas y el cronograma del ataque, a través de un grupo privado de la aplicación Signal donde altos funcionarios discutían abiertamente esta operación secreta. La filtración ocurrió por la inclusión inadvertida de Goldberg en este grupo, en una situación sin precedentes que comprometió seriamente la seguridad operativa.
Según cuenta Goldberg en The Atlantic, el martes 11 de marzo recibió una solicitud de conexión en Signal por parte del consejero de Seguridad Nacional del presidente Trump, Michael Waltz. Dos días después, el jueves 13, Waltz lo añadió accidentalmente al grupo privado llamado ‘Houthi PC small group’, formado por altos responsables de seguridad nacional para coordinar una operación contra los hutíes en Yemen. Entre sus integrantes figuraban el secretario de Defensa Pete Hegseth, el de Estado Marco Rubio, el vicepresidente J. D. Vance, y la directora nacional de Inteligencia, Tulsi Gabbard, además de otros altos funcionarios del gabinete de Trump.
Durante el viernes 14, Goldberg observó cómo los miembros discutían abiertamente sobre los riesgos políticos, económicos y estratégicos del ataque. J. D. Vance expresó dudas sobre el impacto que tendría la operación en el comercio internacional. Por su parte, Pete Hegseth defendía la urgencia del ataque, argumentando que retrasarlo podría aparentar debilidad o permitir que Israel actuara primero, restando protagonismo a Estados Unidos. Finalmente, Stephen Miller, asesor cercano del presidente, cerró la discusión insistiendo en obtener beneficios económicos claros a cambio de reabrir las rutas marítimas bloqueadas.
El sábado 15 de marzo, a las 11.44 de la mañana, Goldberg recibió en ese mismo grupo detalles precisos sobre el ataque inminente: los objetivos, el armamento que se usaría y el horario exacto en que se produciría. Apenas dos horas después, tal y como estaba previsto en los mensajes filtrados, comenzaron las explosiones sobre Saná, la capital yemení. Durante todo este tiempo, nadie en el grupo pareció notar la presencia indebida de Goldberg, ni siquiera cuando abandonó la conversación después del bombardeo.
Además, Goldberg destaca que resulta completamente inusual y sin precedentes que discusiones sobre planes militares confidenciales, con detalles operativos específicos, se realicen a través de una aplicación de mensajería comercial como Signal. Normalmente, este t ipo de información se transmite solo en sistemas gubernamentales seguros y autorizados, nunca en plataformas susceptibles de ser hackeadas o comprometidas.
Un canal no adecuado
Según Goldberg, el hecho de que los altos cargos de EE.UU. creyeran estar en un grupo totalmente confidencial les permitió expresar sus verdaderas opiniones, algo poco habitual en comunicaciones oficiales. Llama la atención la animadversión del vicepresidente Vance hacia Europa, a la que acusa de depender continuamente de Estados Unidos. Vance escribió literalmente en el chat: «Simplemente odio tener que rescatar a Europa otra vez». Pete Hegseth, secretario de Defensa, respaldó esa idea calificando la actitud europea de «patética», enfatizando que EE.UU. es el único capaz de actuar en situaciones críticas y que detesta «el aprovechamiento gratuito de Europa… Es PATÉTICO».
Goldberg explica que no publicó nada inmediatamente porque, durante varios días, creyó estar siendo víctima de una sofisticada operación de desinformación o un intento de comprometer su reputación como periodista. Solo cuando las bombas comenzaron a caer sobre Yemen, entendió que la conversación era auténtica.
Los mensajes incluían información clasificada. Goldberg subraya que divulgar estos detalles antes de la operación podría haber puesto en riesgo la vida de los soldados y su misión.
Según el análisis legal publicado por Goldberg, este uso inapropiado de una aplicación comercial como Signal podría constituir varias violaciones graves de la legislación estadounidense. La Ley de Espionaje prohíbe compartir información sobre defensa nacional por vías no autorizadas, mientras que la Ley Federal de Registros exige conservar los mensajes relacionados con decisiones oficiales. Algunos de estos mensajes estaban configurados para desaparecer automáticamente, lo que podría representar otra vulneración de las leyes sobre conservación de registros oficiales.
Tras revelarse esta grave filtración, Brian Hughes, portavoz del Consejo de Seguridad Nacional de la Casa Blanca, confirmó por correo electrónico la autenticidad del grupo de Signal, indicando que se está revisando cómo un número ajeno fue añadido inadvertidamente a una comunicación tan sensible. Aseguró que la cadena de mensajes muestra la «profunda y reflexiva coordinación política» entre los altos cargos involucrados, y afirmó que no hubo riesgos reales para la seguridad nacional ni para las tropas estadounidenses durante la operación.