Este Rey debe volver a España. A Abu Dabi deben marcharse todos los zánganos que nos gobiernan. ¿Alguno ha hecho por España una mínima parte de lo que ha hecho por España el Rey Juan Carlos, comisiones y braguetas aparte? He conocido íntimamente al aviador que semana tras semana llevaba a ese Rey a Palma de Mallorca a confundirse con sus intimidades. Ese piloto nunca se quejó, nunca dijo a nadie absolutamente nada de lo que veía o sentía. Su mujer, hoy viuda, si se quejó amargamente ante su marido. Todo por el bien de la Monarquía. Los republicanos no lo entendíamos. ¿Ha habido algún rey decente? Quizás Carlos III. Ni Austrias ni Borbones. Tampoco tuvieron éxito los presidentes de las repúblicas, aún en sentidos diferentes, un verdadero desastre. España no está madura para una república. Este Rey, Felipe VI, en su posible inanidad, parece que es lo que conviene, no mojarse, no moverse, que pase el tiempo, a ver si escampa.
Acabo de leer el libro dictado a Laurence Debray por Juan Carlos I en el que lógicamente solo dice su verdad. No se puede saber casi toda la verdad si no te acercas a Stanley Payne y Jesús Palacios, en adelante SP y P, (Juan Carlos I, la construcción de un Rey) para después comparar. Pero sin creer toda la verdad de los hechos, algunos son irrefutables. Juan Carlos I se volcó en ayudar a España para elevar el desarrollo mediano en el que estábamos instalados desde el franquismo impulsando contratos de empresas españolas en el exterior con innumerables viajes oficiales. Su amistad con los reyes árabes, a los que consideraba como hermanos, consiguió que abrieron sus arcas para la financiación de proyectos españoles, viajaba con un grupo numeroso de empresarios y volvía con el zurrón lleno de contratos, con comisiones o sin ellas, uno de ellos Abdalá de Arabia Saudita, hizo una donación a “la familia real española” de cien millones de dólares, depositados en una cuenta bancaria en Suiza. Según los documentos recogidos en SP y P, el rey habría solicitado donaciones millonarias a monarquías de Oriente Medio tras las elecciones de 1977 para “consolidar la democracia y la Corona”, a menudo con cantidades que oscilaban entre 10 y 100 millones de dólares. En ese libro tildan a Juan Carlos como un hombre “caprichoso, superficial y aventurero”, cuya gran virtud habría sido la astucia, y no la inteligencia, y cuya trayectoria estuvo marcada tanto por la ambición de poder como por la búsqueda de dinero y mujeres sin límite.
La marcha verde, la gran traición de su hermano Hassan II fue una traición al ejército español. Juan Carlos habría pedido ayuda a Washington para frenar la Marcha Verde mientras preparaba la retirada, lo que generó un profundo malestar en las Fuerzas Armadas, que sintieron que el rey “las traicionó” en ese proceso y de nuevo en la legalización del Partido Comunista y el 23-F. El golpe del 23-F “contó con el conocimiento y la aprobación del monarca”, quien habría pedido a los organizadores: « A mí dádmelo hecho!». Los autores describen la operación como un “golpe institucional”, concebido para corregir lo que consideraban un rumbo político errático en los primeros años de la Transición. La intención, según el texto, era instaurar un gobierno de concentración liderado por el general Armada con el apoyo del PSOE, una maniobra que habría fracasado cuando Tejero se negó a aceptar el plan y transformó la operación en un golpe militar convencional. Lejos del relato oficial, los investigadores afirman que la democracia “nunca estuvo en riesgo” y que tras el fracaso del plan se construyó deliberadamente la narrativa del rey como salvador del sistema. En el libro de Debray, todo le vino de una manera sorpresiva que se solucionó gracias al jefe de la Casa Real Sabino Fernández y a la sumisión de Armada y de Milán del Bosch, que retiró los tanques de las calles de Valencia.
Ahora, más que en un Rey se ha convertido en un padre que pide a su hijo acabar sus días en la tierra en la que reinó. Lo escrito en su “Reconcialiación” no es sino una petición de poder descansar en su tierra los días que le quedan, y ni su hijo ni su gobierno, son nadie para prohibirle la venida cuando quiera a esta tierra en la que todavía soñamos ser libres. Lo único que puede no darle el hijo al padre es el cariño. Pero eso es algo personal donde nadie puede entrar, se le puede exigir respeto, pero no cariño. Y esa “Reconciliación “, creo que ha sido una petición de cariño .Porque añora volver a la Zarzuela, zona hoy prohibida, ni siquiera en algún palacio del Patrimonio Nacional, hoy solo para estancias de los corruptos gobernantes sus amigos y familia.
Dicen que este libro no debió haberla escrito, pero Juanito lo ha hecho amparándose en su libertad, algo maravilloso. Tampoco ha sucedido nada tenido por escandaloso. Salvo las matriarcas que siempre analizan lo mal que se portan los personajes famosos, el libro ha pasado sin pena ni gloria en las tele broncas de las televisiones tercermundistas, y ya va por la cuarta edición.
La relación estrecha de Don Juan Carlos con los jefes de su gobierno, a los que veía semanalmente, hizo que se integrara en la política de Estado fundamentalmente en el exterior y en algún caso la dirigiera, siempre en comunión con el Gobierno y los lazos que le unía a los Jefes de Estado de su época , facilitó el acceso de España a la escena mundial con la consecución de las Olimpiadas de Barcelona, la Expo de Sevilla, el ingreso de España en la CEE y las reuniones con los Jefes de Estado hispanoamericanos fortaleció la noción de Hispanidad. La traída de la democracia de la mano de Torcuato Fernández Miranda, es el escalón superior.
Creo que Don Juan Carlos hubiera actuado de manera diferente ante un gañán como el actual jefe de gobierno, considerando el enorme esfuerzo en que se implicó el elevar a España a la posición que le correspondía después de tantos años de aislamiento como para que en siete años se pueda derrumbar esa obra. Su cercanía más estrecha a las Fuerzas Armadas, después de la traición de la Marcha Verde, de las que orgullosamente se sentía Jefe, seguramente hubiera podido encender alguna luz roja antes de que fuera demasiado tarde, defendiendo continuamente que somos una Nación, no una suma de comunidades y algo hubiera dicho frente a la tal Armengol cuando el día de la celebración del aniversario de la Constitución dice que “Hay que adoptarla a la realidad territorial”. En otro orden de cosas, por ejemplo, no dudo de que hubiera felicitado a María Corina Machado, con todo lo que ello implica, pero no es tiempo ni sitio de airear ficciones.
Ahora se trata de obedecer a su hijo para que el padre no vaya a realizar algún acto que incomode su reinado, ya que su gobierno funciona democráticamente, vino para rescatar la corrupción y no existe una sola brizna de corrupción, la independencia judicial está en su momento álgido, ya que el presidente del gobierno le tiene un respeto digno de elogio, sus ministros, componen un gobierno muy eficaz, la inmigración no es un problema que nos acucie, ya que el soberano marroquí es un amigo de los de verdad, la malversación de fondos públicos no existe, y las empresas privadas actúan con unos tributos adecuados a su tamaño. La familia del presidente, es una familia ejemplar y los representantes políticos del partido que dirige protegen a las mujeres como antes nunca se vio por estos lares, la relación con los políticos catalanes en el extranjero está en su mejor momento, su amor por España hace asomar las lágrimas de sus representantes en el Congreso, de la misma forma que los antes etarras y ahora una sólida organización que desfila con la bandera de España por sus calles, lo nunca visto. Por ello la venida a España de Juan Carlos I podría romper la tranquilidad y magnificencia de la Nación. Mejor es que se quede dónde está.
Termina el Rey Juan Carlos: “Hoy lo que me importa es que la Corona me sobreviva y continúe para que España brille; que el espíritu de la transición que nos ha unido a todos persista por el bien del país. Es el de un hombre que ha dado todo por su país. Que espera allí ser enterrado con honores. España decidirá. La Historia nos juzgará ¡Por España. Todo por España. Viva España. Viva el Rey ¡”
Debe volver a su Nación, antes de que muera. Ninguna Corona lo entendería, ni siquiera muchos republicanos.
José Manuel Adán Madrid, 15 de Diciembre de 2025
Economista e Inspector de Finanzas del Estado
