Left of Boom: los servicios de inteligencia marroquíes y el cambio de rostro del terrorismo. Cherkaoui Roudani  en el Sahel

 

 

Agentes de la DGSN marroquí durante una operación – PHOTO/ARCHIVO

Los atentados del 11 de septiembre redefinieron de forma radical la doctrina antiterrorista moderna. De esa transformación surgió lo que hoy se conoce como el enfoque “A la izquierda de la explosión”

En lugar de centrarse en gestionar las consecuencias de un atentado (“la explosión”), esta doctrina orienta los esfuerzos del Estado hacia las fases preparatorias de un complot terrorista, antes de que un grupo o una célula adquiera las capacidades necesarias para llevarlo a cabo. Como resultado, las agencias de inteligencia estadounidenses reorientaron sus esfuerzos hacia la detección de amenazas en las primeras fases de su desarrollo.

En consecuencia, el valor estratégico de la inteligencia radica en su capacidad para identificar las condiciones en las que surge una amenaza, interpretar sus indicadores tempranos e interrumpir su preparación antes de que alcance la fase de ejecución.

El reciente desmantelamiento por parte de los servicios de seguridad marroquíes de una célula terrorista que operaba en varias ciudades ilustra este enfoque. Más allá de los resultados inmediatos en materia de aplicación de la ley —detenciones, registros e incautaciones—, el panorama de inteligencia apunta a un alejamiento del paradigma tradicional de las células “inspiradas”. El hallazgo de componentes destinados a la fabricación de artefactos explosivos improvisados (IED), precursores químicos, componentes electrónicos y un vehículo modificado, junto con manuales técnicos y juramentos de lealtad, constituye un conjunto de pruebas correlacionadas que revela un diseño operativo coherente. Es la combinación de estos elementos, más que cualquier elemento por sí solo, lo que identifica una fase avanzada de preparación operativa.

Desde un punto de vista organizativo, la investigación apunta a una transición hacia células interconectadas en red. El contacto directo con los líderes de la Provincia del Sahel del Estado Islámico (ISSP), sucesora del ISGS, junto con la recepción de orientación operativa y apoyo logístico, cambia la naturaleza del desafío de seguridad. Las pruebas disponibles sugieren que esta célula había ido más allá de la radicalización de inspiración ideológica y había entablado una relación organizada con la rama del ISIS en el Sahel, recibiendo orientación estratégica, asistencia logística y apoyo operativo.

Esta evolución cambia el enfoque de la evaluación de inteligencia. El objetivo principal ya no es el individuo radicalizado aislado, sino la arquitectura de apoyo más amplia: el reclutamiento, la financiación, la logística, las comunicaciones y los vínculos operativos que conectan los diferentes nodos de la red.

Más allá de esto, este cambio refleja la propia trayectoria antiterrorista de Marruecos. Los atentados de Casablanca del 16 de mayo de 2003, perpetrados por militantes afiliados a Al Qaeda, causaron la muerte de 45 personas, incluidos los doce terroristas suicidas, y dejaron más de un centenar de heridos. Esos atentados marcaron un punto de inflexión en el enfoque de Marruecos respecto a la lucha contra el terrorismo. Además de reforzar el marco jurídico mediante la adopción de la Ley nº 03-03 de lucha contra el terrorismo, impulsaron una reorganización gradual de la estructura de seguridad del país.

Esta evolución institucional condujo a un refuerzo de las capacidades de inteligencia, a una mayor integración entre los servicios de seguridad y las autoridades judiciales y, el 20 de marzo de 2015, a la creación de la Oficina Central de Investigaciones Judiciales (BCIJ) bajo la autoridad de la Dirección General de Vigilancia Territorial (DGST). La creación de la BCIJ reforzó la integración de la recopilación de inteligencia con las investigaciones penales, estableciendo una continuidad entre la detección de amenazas, la explotación operativa y los procedimientos judiciales. Esta arquitectura institucional contribuyó a que la postura antiterrorista de Marruecos pasara de un modelo predominantemente reactivo a otro centrado en la anticipación, la desarticulación de las células terroristas durante sus fases iniciales y el uso preventivo de la inteligencia.

Desde su creación en 2015, la BCIJ ha desmantelado docenas de células terroristas y detenido a más de 1.000 personas vinculadas a redes yihadistas. Este balance refleja una práctica de inteligencia centrada en la anticipación. El análisis de la información recopilada va mucho más allá de las organizaciones ya establecidas. Se centra en identificar los primeros indicios de formación de redes, los mecanismos de reclutamiento y las interacciones capaces de transformar la intención en un proyecto terrorista operativo.

<p>Fuerzas de seguridad de Marruecos hacen guardia en la sede de la Oficina Central de Investigaciones Judiciales (BCIJ) en Sale, Marruecos, el 24 de febrero de 2025 - REUTERS/AHMED ELJECHTIMI </p>
Fuerzas de seguridad de Marruecos hacen guardia en la sede de la Oficina Central de Investigaciones Judiciales (BCIJ) en Sale, Marruecos, el 24 de febrero de 2025 – REUTERS/AHMED ELJECHTIMI

De la investigación criminal a la inteligencia: reconstruyendo la cadena de amenazas

Este enfoque analítico se refleja en tres operaciones recientes que, en lugar de representar investigaciones aisladas, revelan capas sucesivas del mismo ecosistema terrorista.

La primera se remonta al 19 de febrero de 2025, cuando la BCIJ anunció el desmantelamiento de una célula terrorista afiliada al ISIS y la detención simultánea de doce sospechosos en nueve localidades marroquíes, entre ellas Casablanca, Fez, Tánger, El Aaiún, Guercif, Azemmour, Taounate, Tamesna y Oulad Teima. La investigación condujo posteriormente al descubrimiento de una base logística en la zona de Boudenib, en la provincia de Errachidia, donde se habían ocultado armas y municiones. Esta operación puso al descubierto una infraestructura logística externalizada. Las armas incautadas no se habían adquirido a nivel local, sino que procedían de un comandante del ISIS que operaba en el Sahel y que aprovechaba los espacios mal gobernados del cinturón Sahel-Sáhara para trasladar material a través de las fronteras. El caso puso al descubierto una red de suministro transnacional que vinculaba la profundidad estratégica del Sahel con una célula operativa establecida en el interior de Marruecos.

El 25 de marzo de 2026 se puso de manifiesto una segunda vertiente, durante una operación conjunta llevada a cabo por la BCIJ, dependiente de la DGST, junto con la Comisaría General de Información de la Policía Nacional española. La operación desmanteló una célula afiliada al ISIS que operaba entre Marruecos y España y estaba compuesta por tres extremistas. Las primeras conclusiones indicaban que la red se había dedicado a la financiación y al apoyo logístico de combatientes del ISIS activos en el Sahel y en Somalia.

Esta operación puso de relieve otra dimensión del ecosistema terrorista: los flujos financieros, las comunicaciones seguras y las interacciones transfronterizas. También demostró que el análisis de redes va mucho más allá de la identificación de sospechosos. Abarca los canales de financiación, los intermediarios de comunicación, las plataformas digitales y las distintas jurisdicciones legales en las que las redes terroristas tratan de operar.

Más allá de su dimensión transnacional, el caso también ilustra que las funciones de apoyo financiero pueden estar separadas organizativamente de las funciones operativas, sin dejar de estar integradas en la misma arquitectura terrorista y sin comprometer su coherencia operativa.

 

Abdellatif Hammouchi, director general de la Seguridad Nacional y de la Vigilancia del Territorio de Marruecos (DGSN-DGST), y Francisco Pardo Piqueras, director general de la Policía Nacional española, en el marco de la 93ª Asamblea General de la INTERPOL en Marrakech, Marruecos – PHOTO/ARCHIVO

 

La tercera operación, anunciada el 6 de julio de 2026, marcó otra etapa en esta evolución. Las autoridades marroquíes detuvieron a diez personas en varias ciudades, entre ellas Agadir, Taroudant, Casablanca, El Hajeb, Tetuán, Fkih Ben Salah y Safi. La información facilitada por los investigadores reveló una clara división funcional del trabajo que abarcaba la selección de objetivos, el reconocimiento, la vigilancia, la adquisición de equipamiento y la preparación operativa.

Esta distribución de responsabilidades apunta a una estructura organizativa articulada en torno a dos niveles de mando distintos. El primero consiste en un mando estratégico ejercido por la rama del ISIS en el Sahel, responsable de definir las directrices generales, mantener la cohesión organizativa y proporcionar apoyo logístico. El segundo consiste en un mando táctico local, responsable de la selección de objetivos, el reconocimiento, la adquisición de materiales y la planificación operativa. Esta estructura aumenta la resiliencia de la célula, ya que le permite adaptar sus métodos a nivel local sin dejar de estar conectada a una organización regional más amplia. En este modelo, los servicios de inteligencia deben ir más allá de la mera identificación de una cadena de mando; también deben comprender las interfaces que vinculan estos dos niveles de mando.

El grado de especialización observado, combinado con la orientación directa recibida de la rama del ISIS en el Sahel, apunta a un nivel avanzado de madurez organizativa. Refleja una transición de una movilización de inspiración ideológica a un sistema estructurado de apoyo operativo. La célula había superado con creces la etapa inicial de radicalización y había entrado en una fase avanzada de preparación operativa, combinando el mando externo, la logística local, el reconocimiento de objetivos y los medios técnicos necesarios para llevar a cabo un atentado.

Este patrón organizativo se ajusta a las características de un “modelo de terrorismo basado en redes”, en el que las funciones operativas se distribuyen entre múltiples actores, al tiempo que se mantienen coordinadas a través de una red más amplia. En tales condiciones, neutralizar a los operativos individuales ya no es suficiente. El objetivo central de los servicios de inteligencia pasa a ser identificar y desarticular las interfaces que preservan la coherencia de la red en su conjunto.

En conjunto, estas tres operaciones revelan una arquitectura en la que las funciones de mando y logística siguen ancladas en gran medida en el Sahel, mientras que las células detectadas en Marruecos y las conexiones operativas que se extienden hasta el sur de Europa apuntan a la expansión gradual de esta amenaza más allá de su escenario original.

Esta capacidad de anticipación —basada en la interpretación de señales débiles y la reconstrucción de arquitecturas terroristas— también ha reforzado la posición de Marruecos como socio fiable en materia de inteligencia dentro de los marcos de cooperación en materia de seguridad en los que participan países africanos, europeos y norteamericanos.

Imagen de una operación contra una célula terrorista vinculada al DAESH en la región del Sahel, llevada a cabo entre la Dirección General de Vigilancia Territorial y la Comisión General de Información de la Policía Nacional española
- PHOTO/ @DGSN_MAROC

La inteligencia como instrumento de anticipación estratégica

En un entorno en el que las organizaciones terroristas recurren cada vez más a estructuras descentralizadas y adaptables, la eficacia de un servicio de inteligencia ya no puede medirse únicamente por el número de complots frustrados o de detenciones. Depende también de su capacidad para anticipar cómo evolucionan las redes terroristas e identificar las funciones que las sustentan antes de que se pongan en marcha.

En este sentido, la doctrina “A la izquierda de la explosión” desplaza las prioridades de los servicios de inteligencia de la vigilancia de individuos a la identificación de las estructuras que permiten la acción terrorista. El objetivo ya no se limita a localizar a posibles atacantes, sino que se extiende a desarticular las funciones logísticas, financieras, de comunicaciones y de coordinación que permiten que un atentado se materialice.

La experiencia de Marruecos refleja este enfoque mediante la integración de la recopilación técnica, la inteligencia financiera, la geolocalización, la explotación digital y la inteligencia humana en un proceso analítico unificado. Por lo tanto, la inteligencia no se valora simplemente por la cantidad de información que recopila, sino por su capacidad para reconstruir las relaciones que vinculan a individuos, recursos y funciones operativas antes de que converjan en un plan terrorista ejecutable.

El creciente volumen de información generada en toda la región del Sahel-Sáhara también plantea un reto de inteligencia más amplio. El flujo cada vez mayor de datos operativos, financieros y digitales requiere mecanismos capaces de filtrar y priorizar la información antes de que llegue a la fase analítica. En la práctica, la clasificación y la priorización asistidas por algoritmos deben entenderse como complementos del análisis humano, y no como sustitutos del mismo. Su objetivo es reducir el volumen de información bruta que requiere examen, permitiendo a los analistas concentrarse en las señales débiles y en las correlaciones con mayor relevancia operativa.

Operación antiterrorista llevada a cabo por la BCIJ en Marruecos – PHOTO/ARCHIVO

Esta evolución refuerza el papel de la inteligencia interpretativa. El valor de la inteligencia no reside simplemente en recopilar información, sino en identificar relaciones que permanecen invisibles cuando los datos se examinan de forma aislada. Las señales débiles a menudo solo adquieren su significado cuando se sitúan en un contexto operativo más amplio. La interpretación se convierte, por tanto, en una etapa esencial para transformar la información fragmentada en inteligencia procesable.

En este sentido, “A la izquierda de la explosión” refleja una lógica temporal: intervenir antes de que se produzca un ataque. La inteligencia interpretativa, por el contrario, refleja una lógica metodológica: comprender la arquitectura de una amenaza con la suficiente antelación como para hacer posible dicha intervención. Ambos enfoques son complementarios. El primero define cuándo actuar; el segundo explica cómo la inteligencia hace posible esa acción.

Las tres operaciones analizadas aquí indican que el centro de gravedad de la amenaza terrorista se ha desplazado gradualmente hacia el Sahel. Esto no sugiere que las organizaciones terroristas pretendan reproducir en Marruecos los modelos operativos observados en Malí o Burkina Faso. Más bien, indica que el Sahel se ha convertido en una retaguardia logística, financiera y organizativa desde la que se puede apoyar a las células operativas mucho más allá de su teatro de operaciones original.

Por lo tanto, el reto va más allá del desmantelamiento de las células terroristas que operan dentro de las fronteras nacionales. Requiere reconstruir los vínculos que conectan las estructuras de mando, las cadenas logísticas, las redes financieras y los facilitadores locales, con el fin de evaluar la madurez de un proyecto terrorista antes de que alcance la fase operativa.

Mapa de la región del Sahel

En consecuencia, el Sahel se ha convertido en un espacio estratégico cuya evolución afecta directamente a la seguridad del norte de África y del Mediterráneo occidental. Para los servicios de inteligencia, el reto principal ya no se limita a la recopilación de información. Reside en conectar la información procedente de diferentes áreas geográficas, actores y líneas temporales con el fin de reconstruir una imagen coherente de la amenaza.

Las tres operaciones apuntan además a lo que podría describirse como “disociación territorial funcional”. Bajo este modelo organizativo, las funciones principales de una organización terrorista —mando, financiación, logística, reclutamiento y ejecución operativa— se distribuyen a lo largo de múltiples espacios geográficos, sin dejar de estar integradas dentro de la misma arquitectura operativa. El mando estratégico puede permanecer en el Sahel, el apoyo financiero puede canalizarse a través de otra jurisdicción, las capacidades logísticas pueden establecerse en otro lugar, mientras que la célula operativa actúa dentro de un país diferente. Esta distribución geográfica aumenta la resiliencia organizativa, al tiempo que complica la detección y la desarticulación por parte de los servicios de inteligencia.

En consecuencia, el valor de la inteligencia radica en su capacidad para reconstruir esta arquitectura dispersa antes de que sus diferentes componentes funcionales converjan en un único proyecto operativo. Las tres operaciones analizadas aquí demuestran que las dinámicas de seguridad que surgen en el Sahel ya no se limitan a esa región. Afectan cada vez más al espacio de seguridad euroafricano en su conjunto y ponen de relieve la necesidad de que los servicios de inteligencia se adapten a unas organizaciones terroristas cuyas funciones operativas se extienden ahora mucho más allá de las fronteras donde, en última instancia, pueden producirse los atentados.

Visto desde esta perspectiva, la geografía del terrorismo ya no refleja la geografía política de los Estados. Las estructuras de mando, las redes logísticas, los canales financieros y las capacidades operativas se distribuyen cada vez más por diferentes territorios antes de converger hacia un objetivo común. En consecuencia, uno de los retos fundamentales de la inteligencia contemporánea radica en su capacidad para reconstruir esta arquitectura fragmentada antes de que entre en funcionamiento. En una era de terrorismo en red, la ventaja estratégica depende menos de reaccionar ante los atentados que de comprender cómo las funciones dispersas se integran en un sistema operativo coherente.

Fuente:

https://www.atalayar.com/opinion/cherkaoui-roudani/izquierda-explosion-servicios-inteligencia-marroquies-cambio-rostro-terrorismo-sahel/20260713115132227693.html?utm_source=Newsletter+Atalayar+ES&utm_campaign=Newsletter%20Atalayar%2