Trump levanta el veto del F-35 a Turquía: ¿Qué pasará con la OTAN?

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, y el presidente de Turquía, Recep Tayyip Erdogan, se dan la mano mientras se reúnen en la Casa Blanca en Washington, DC, EE.UU., el 25 de septiembre de 2025 - REUTERS/ KEVIN LAMARQUE

 

El presidente americano aprovecha la cumbre de Ankara para reactivar el programa del caza furtivo a cambio de amarrar la lealtad de Erdogan, ignorando las restricciones legales por los misiles rusos S-400

 

La cumbre de la OTAN en Ankara arranca con un fuerte vuelco en la política internacional. Justo al inicio de las reuniones, una filtración procedente de altos cargos de la administración estadounidense ha puesto en alerta tanto a Washington como a los gobiernos europeos: el presidente Donald Trump planea trasladar formalmente a Recep Tayyip Erdogan que Estados Unidos está listo para levantar el veto y reincorporar a Turquía al programa de cazas avanzados F-35.

Con esta decisión se pretende enterrar un conflicto militar que arrastraba casi siete años de bloqueo. Conviene recordar que Washington expulsó de forma fulminante a Turquía del consorcio del F-35 en 2019. El detonante no fue otro que la polémica decisión del Gobierno de Ankara de comprarle a Moscú su sistema de defensa aérea S-400, un movimiento que congeló las relaciones entre ambos socios de la alianza.

Una persona observa un bombardero furtivo B - 2 y F-35 realizando un sobrevuelo, durante un mitin para dar inicio a la Gran Feria Estatal Estadounidense, en celebración del 250 aniversario de la independencia de los EE.UU., en Washington, DC, EE. UU., el 24 de junio de 2026 

REUTERS/ NATHAN HOWARD

Una persona observa un bombardero furtivo B – 2 y F-35 realizando un sobrevuelo, durante un mitin para dar inicio a la Gran Feria Estatal Estadounidense, en celebración del 250 aniversario de la independencia de los EE.UU., en Washington, DC, EE. UU., el 24 de junio de 2026 REUTERS/ NATHAN HOWARD

En un panorama internacional condicionado por los focos de inestabilidad y la escalada de tensión en Oriente Medio, la Casa Blanca ha optado por priorizar la pura y dura conveniencia política.

¿Por qué la OTAN necesita a Turquía a cualquier precio?

Para entender por qué se produce este giro ahora, basta con mirar la posición de Turquía en el mapa mundi.

Fotografia de archivo del 27 de septiembre de 2019, un camión que transporta partes de los sistemas de defensa aérea S-400 sale de un avión de transporte ruso después de aterrizar en el aeropuerto militar de Murted, en las afueras de Ankara, Turquía – PHOTO/ Ministerio de Defensa turco a través de AP

Últimamente, los conflictos regionales han obligado al Pentágono a replantearse sus prioridades estratégicas de forma urgente. Con la mirada puesta en evitar que la inestabilidad de la zona termine de descontrolarse, en Washington se llegó a la conclusión de que mantener el aislamiento con Ankara —o arriesgarse a que Erdogan estrechase lazos definitivos con Moscú o Pekín— era un peligro inasumible en este momento.

El presidente turco ha demostrado saber moverse como nadie en este escenario a varias bandas. Ha suministrado drones al ejército ucraniano y ha bloqueado el paso de buques de guerra rusos, pero al mismo tiempo no ha dejado de hacer negocios energéticos ni de mantener el teléfono abierto con Vladímir Putin. Al devolverle ahora la opción de comprar los F-35, Washington asume abiertamente que necesita garantizarse la fidelidad de Erdogan para que la estructura de la OTAN no se agriete en el peor momento posible.

La diplomacia presidencial frente al muro del Congreso

El verdadero nudo gordiano de esta decisión no se encuentra en la cumbre de Ankara, sino en las dinámicas de política interna en Washington. El anuncio ha destapado una profunda brecha institucional entre el poder ejecutivo y el legislativo estadounidense.

Tras la compra turca de los S-400 in 2019, el Congreso de los Estados Unidos blindó legalmente la prohibición de transferir tecnología del F-35 a Turquía. La ley vigente determina de forma taxativa que, mientras Ankara mantenga operativos los sistemas de radar y misiles de fabricación rusa en su territorio, no podrá recibir ni una sola pieza del caza furtivo estadounidense.

Los sistemas rusos de defensa aérea con misiles S-400 se ven durante un ejercicio de entrenamiento en una base militar en la región de Kaliningrado, Rusia, el 11 de agosto de 2020 

PHOTO/ REUTERS

Los sistemas rusos de defensa aérea con misiles S-400 se ven durante un ejercicio de entrenamiento en una base militar en la región de Kaliningrado, Rusia, el 11 de agosto de 2020 PHOTO/ REUTERS

¿Cómo planea la Casa Blanca sortear una ley federal explícita? Según han revelado altos funcionarios de la administración, el equipo de Trump estudia mecanismos legales alternativos y “recovecos” ejecutivos. La opción con más peso en este momento es un intercambio formal de cartas de entendimiento mutuo entre Trump y Erdogan.

Este formato de diplomacia personalista —muy característico del estilo de negociación del mandatario estadounidense— busca establecer compromisos directos de líder a líder que dejen en un limbo técnico las restricciones del Congreso.

El choque institucional está servido: los legisladores, tanto demócratas como republicanos, ven esto como un bypass inaceptable a la separación de poderes y a la autoridad del Capitolio en materia de defensa y presupuestos internacionales.

El secreto del F-35 frente al radar ruso S-400

Cuando Turquía fue expulsada del programa en 2019, la justificación del Pentágono no fue meramente política; fue estrictamente técnica y de contrainteligencia militar. El F-35 Lightning II no es solo un avión de combate; es una computadora voladora cuya principal arma es la tecnología de invisibilidad al radar.

El temor permanentemente manifestado por la comunidad de inteligencia militar estadounidense es que, si las fuerzas armadas turcas operan simultáneamente el caza estadounidense y el sistema ruso S-400, los técnicos de este último sistema podrían recopilar datos críticos sobre la firma de radar del avión.

 

Fotografia de archivo del 27 de febrero de 2019, un avión de transporte ruso que transporta partes de los sistemas de defensa aérea S-400 aterriza en el aeropuerto militar Murted en las afueras de Ankara, Turquía – PHOTO/ Ministerio de Defensa turco a través de AP

En la práctica, esto significaría “entrenar” al radar ruso para detectar al avión más avanzado de Occidente, una información informática y de defensa que inevitablemente acabaría en manos de Moscú, comprometiendo la seguridad de toda la flota aliada.

Los antecedentes: El contrato de los 700 millones de dólares

La reactivación del programa no nace de la nada. El mes pasado, la administración Trump ya envió una señal inequívoca al Congreso al notificar formalmente su intención de vender a Turquía docenas de motores a reacción por un valor superior a los 700 millones de dólares.

Esta venta previa de componentes de propulsión ya indicaba que las cañerías de la cooperación militar bilateral se estaban desatascando.

La gran incógnita técnica que los expertos militares intentan descifrar ahora es si el Pentágono ha desarrollado un parche de software capaz de aislar por completo los sistemas del F-35 dentro del espacio aéreo turco para evitar el espionaje del S-400, o si, por el contrario, la Casa Blanca ha asumido que el riesgo tecnológico es un daño colateral asumible a cambio de la ganancia geopolítica.

Un avión de combate F-35B de la Marina Real Británica a bordo del HMS Prince of Wales en el Mar de Noruega, el 2 de julio de 2026 

Crown copyright 2026 / PO Phot Chris Sellars a través de REUTERS
Un avión de combate F-35B de la Marina Real Británica a bordo del HMS Prince of Wales en el Mar de Noruega, el 2 de julio de 2026 Crown copyright 2026 / PO Phot Chris Sellars a través de REUTERS

Evolución de la crisis: Del veto de 2019 a la cumbre de 2026

La cronología de este desencuentro militar es muy clara. En 2019, Turquía dio el paso de recibir e instalar el sistema antiaéreo ruso S-400. Esto provocó que el gobierno estadounidense la apartase inmediatamente del proyecto de fabricación del F-35.

A raíz de esto, durante los siguientes cuatro años el Congreso de EE. UU. mantuvo un bloqueo legislativo absoluto, recurriendo a las directrices de la ley CAATSA para impedir de forma unánime cualquier acuerdo sobre los aviones si antes Ankara no se deshacía de los equipos de defensa rusos.

El estancamiento institucional se rompió en junio de 2026, cuando la Casa Blanca autorizó la venta de motores a reacción por un valor de 700 millones de dólares, enviando la primera señal de acercamiento comercial.

El desenlace se ha configurado en las últimas horas de julio de 2026 en la cumbre de Ankara, donde el Ejecutivo de Trump busca restablecer el acceso total de Turquía al programa aeroespacial mediante mecanismos que eviten los límites legales del Capitolio.

<p>El presidente de Turquía, Tayyip Erdogan, durante una conferencia de prensa en la cumbre de la OTAN en La Haya, Países Bajos, el 25 de junio de 2025 - REUTERS/ YVES HERMAN</p>
El presidente de Turquía, Tayyip Erdogan, durante una conferencia de prensa en la cumbre de la OTAN en La Haya, Países Bajos, el 25 de junio de 2025 – REUTERS/ YVES HERMAN

El Impacto en la Narrativa Global: El peligroso precedente de la impunidad internacional

Más allá de los cazas, los radares y las leyes presupuestarias, la readmisión de Turquía golpea directamente la línea de flotación de la credibilidad de la diplomacia occidental y su arquitectura de sanciones.

Durante años, Washington ha utilizado las sanciones económicas y los vetos armamentísticos como la herramienta definitiva de disuasión frente a terceros países que deciden comprar tecnología militar a potencias rivales como Rusia o China. Se suponía que la expulsión de Turquía era el castigo ejemplarizante: “Si compras a nuestros enemigos, pierdes el acceso a nuestra mejor tecnología”.

Al levantar el castigo sin que Erdogan haya empaquetado y devuelto los misiles S-400 a Moscú, la Administración estadounidense envía un peligroso mensaje al mundo: las líneas rojas de Washington son elásticas y negociables si el infractor tiene suficiente peso estratégico.

Países como India, Arabia Saudí o Egipto, que a menudo navegan en la ambivalencia de comprar armas a diferentes bloques, toman nota de este precedente. La Realpolitik demuestra que, en el tablero internacional del siglo XXI, la conveniencia geopolítica del momento siempre termina devorando a los principios institucionales de largo plazo.

<p>El presidente ruso, Vladimir Putin, y el presidente turco, Tayyip Erdogan, asisten a una reunión en el marco de la cumbre de la Organización de Cooperación de Shanghái (OCS) en Samarcanda, Uzbekistán, el 16 de septiembre de 2022 - SPUTNIK/ALEXANDER DEMYANCHUK via REUTERS </p>
El presidente ruso, Vladimir Putin, y el presidente turco, Tayyip Erdogan, asisten a una reunión en el marco de la cumbre de la Organización de Cooperación de Shanghái (OCS) en Samarcanda, Uzbekistán, el 16 de septiembre de 2022 – SPUTNIK/ALEXANDER DEMYANCHUK via REUTERS 

Un acuerdo de alto riesgo para el orden internacional

La cumbre de la OTAN en Ankara pasará a la historia como el escenario donde las reglas de la diplomacia militar cambiaron de rumbo. La decisión de Donald Trump de abrir los hangares del F-35 a Turquía es una jugada de póker de altísimo nivel.

Por un lado, puede lograr el objetivo inmediato de amarrar firmemente a Erdogan al bloque occidental en un momento de máxima volatilidad global.

Por el otro, debilita la autoridad del Congreso estadounidense, abre una brecha de seguridad tecnológica con Rusia que el Pentágono tendrá que sudar para cubrir y diluye la fuerza moral de las sanciones occidentales. La moneda está en el aire, y el resultado de este intercambio de cartas marcará el equilibrio de fuerzas defensivas para la próxima década

 

 

Fuente:

https://www.atalayar.com/articulo/politica/trump-levanta-veto-f-35-turquia-que-pasara-otan/20260707114143227539.html