En abril, el Sáhara marroquí vuelve al primer plano con una crucial reunión en Naciones Unidas que podría definir la solución política a un conflicto de décadas entre Marruecos, Argelia y el Frente Polisario bajo la presión internacional liderada por Estados Unidos
La atención mundial está centrada, casi en exclusiva, en la guerra de Irán, los encuentros de Islamabad, el avance israelí en el Líbano y la crisis global que sufre el mundo, provocada por el cierre casi total del estrecho de Ormuz al tráfico de petróleo y gas, pero también de los fertilizantes y otros productos básicos para la industria, el transporte y el sector primario, entre otros.
Apenas queda espacio para conflictos tan graves como la invasión rusa de Ucrania y sus ataques contra instalaciones civiles, masacres en Sudán, apagones en Cuba y lo que parece que está en una esperanzadora recta final para su solución como es el Sáhara marroquí. En este mes de abril, está convocada una reunión en Naciones Unidas, que puede resultar clave para encauzar la negociación entre Marruecos, Argelia, Mauritania y el Frente Polisario para alcanzar una solución fiable, duradera y solvente con la autonomía para el Sáhara bajo soberanía marroquí.
Esta nueva e intensa actividad de Naciones Unidas está impulsada por Estados Unidos y la administración Trump decididos a lograr antes de final de año una solución. La intensa presión de Washington proviene de la necesidad de concluir un conflicto abierto desde hace 50 años que afecta a la integridad territorial de Marruecos y a la geoestrategia de una región clave como el norte de África amenazada gravemente por la inestabilidad en el Sahel.
Malí ha respaldado su apoyo a la propuesta marroquí y ha retirado su reconocimiento de la RASD, impuesta por el Frente Polisario, que intenta contrarrestar el incremento de apoyos internacionales a Marruecos desde África, el Golfo, Europa y América Latina, con una campaña de imagen en los campamentos de Tinduf, pero ya admite la independencia no es una opción y teme que Estados Unidos termine el proceso de declararlos organización terrorista.
En abril, el Consejo de Seguridad puede pasar de la gestión de la crisis al impulso de una solución política, en un contexto de creciente conciencia de los riesgos que supone el mantenimiento del statu quo para la estabilidad de la región.
