El timo verde. José Manuel Adan

                                             El timo verde.

 

Soy un clásico, no solo escuchando la música de mi cuarteto favorito: Haydyn, Bach, Mozart y Beehtoven, me ocurre en casi todo. Ahora es posible que con la aparición o resurgimiento de la Inteligencia artificial rompa ese clasicismo y consiga comprar un televisor inteligente que no diga mentiras y cambie de canal automáticamente cada vez que aparezca Sánchez o alguno de sus esbirros. A ver si lo encuentro. Dentro de ese clasicismo resulta que tengo un coche con 23 años de vida, ya mayorcito con los achaques propios de su edad y con edad de irse de casa, como cualquier hijo, pero un motor robusto que hasta ahora ha aguantado más de 340.000 kms, que funciona perfectamente, me dice el mecánico al que llevo esa buena máquina cuando lo necesita y especialmente antes de pasar la ITV, que carrozas como la mía ya no se hacen, que ahora tiene más pantallas, superior tecnología, pero la robustez del motor, eso ya, ni por asomo. Cuando le digo que no tendré más remedio que cambiarlo enseguida me dice que no me preocupe, que él me lo compra.
Mi coche tiene un problema, por el trasero echa humo y aunque pasa la ITV, su dueño, o sea yo, paga todos los impuestos municipales, comunales y nacionales propios de un ser civilizado, pero no tiene la estampita, resulta que alojándose a 18kms de Madrid, no puede ir muy lejos porque no tiene etiqueta que le dé el pedigrí necesario para pavonearse por la ciudad y a 15 kms de la capital ya comienza una Zona de Bajas Emisiones, latrocinio inventado por el Alcalde Almeida y resto de la banda como medida recaudatoria, en contra de los automovilistas, ineficiente para el objetivo que dice perseguir y encuadrada dentro de la política denominada woke, agenda 20230 y las ineficiencias de la Von der Leyen. Por tamaño desaguisado ya llevo dos multas de 200 euros cada una. Antes de seguir he de señalar que dentro de mi clasicismo no creo en el cambio climático como originado por la mano del hombre.
Este alcalde enarboló, en su propaganda electoral para la Alcaldía de Madrid, la bandera contra las zonas de emisiones humeantes y anunció que las eliminaría. Como buen político que es, nos engañó. Las zonas no se prohibieron y además aumentada su superficie hasta llegar a los 15 kms de la Puerta del Sol, porque el coche, ese invento del siglo pasado, echaba humo por lo que necesitaban un castigo, así se fue acompasando a las barbaridades del Gobierno Nacional, prohibiendo indirectamente la construcción de coches que se alimentaran de los fósiles y permitiendo a los amarillos que entraran a saco, enchufe en ristre, en nuestra industria automovilista. Como no va a ir nuestro traidor a China a celebrar la entrada a cañón de sus productos, entre ellos no solo los restaurantes, o comercios donde se pude encontrar desde una aguja a una mariposa del Amazonas y como no grandes empresas automovilísticas, que algún día necesitaran un “influencer” español. Voila Mr. Sánchez.
La regla para mantener el engaño por parte del alcalde, es que la susodicha ZBE, decía que era una imposición de la Unión Europea. Y en España, si lo dice la UE, todos al unísono hemos de decir amén y lo damos por bien hecho porque nos encanta respetar al máximo las barbaridades de la UE, ya que ante todo somos europeos. Faltaría más.
Pero esa es una mentira más. No existe obligatoriedad por parte de la UE. Y es que Bruselas sólo establece que la calidad del aire tiene que estar dentro de unos parámetros concretos. Y luego cada país decide de qué forma cumple esos objetivos. Prohibir que las personas se muevan con sus vehículos por determinadas áreas de núcleos urbanos fue un artilugio que se sacó de la chistera el Gobierno para avanzar en su agenda ideológica de restringir el uso del automóvil particular.
Esta vez los franceses han despertado antes que nadie del sueño verde, nuestros vecinos norteños han demostrado que el Derecho comunitario no obliga a cercenar la libertad de movimiento en coche de los europeos y ha asestado un duro golpe a la agenda climática. El Senado francés ha aprobado la derogación de las zonas de bajas emisiones con un resultado de 224 votos a favor frente a 100 en contra, culminando así un proceso que comenzó en la Asamblea Nacional con una mayoría de 98 votos a favor y 51 en contra. Ello gracias a una oposición que en nuestro solar, apenas tiene vida. Han sido necesarias la unión del partido patriótico de Le Pen, los conservadores de Los Republicanos, algunos sectores de la izquierda radical y hasta varios diputados del propio bloque centrista de Macron. Impensable en España. Pero es tan racional pensar que prohibir a la gente moverse con sus coches en razón de su antigüedad, perjudica a las clases menos adineradas que no tienen capacidad económica para comprar un vehículo nuevo, pero no es solamente una cuestión económica, es de libertad, si pagados todos los impuestos y pasadas las ITV necesarias, el prohibir la circulación de un auto, atenta a los derechos más elementales de la persona, la libertad de movimiento. La propuesta, promovida por el diputado de la Agrupación Nacional Pierre Meurin desde 2022, ha conseguido lo que parecía poco menos que un milagro hace unos meses. Las ZBE, símbolo de la ideología climática desde su implementación en 2019 en ciudades como París, Lyon y Grenoble, desaparecen del marco legislativo. Con su supresión se va también el distintivo ecológico Crit’Air -el equivalente en España a las etiquetas de la DGT-, ese sistema de códigos de colores que clasificaba los vehículos según sus emisiones y que impedía moverse libremente con sus coches a millones de personas. La ministra francesa de Ecología, Agnès Panier Runacher, intentó salvar al menos las ZBE en París y Lyon, pero su propuesta fue rechazada. Este revés resalta el considerable rechazo parlamentario hacia una medida que debería contar con apoyo generalizado dentro de una agenda climática.
España no se moverá, tiene una oposición muerta y la derecha, véase Madrid, está favor de la recaudación una vez más desprecia como la izquierda a las personas, a
pesar de que la mayoría considera las políticas ambientales como punitivas por lo que estoy convencido, de que no hará nada para anular tamaño disparate. Su origen aparece en mayo de 2021 el Gobierno aprobaba la Ley de Cambio Climático con la abstención del Partido Popular y el voto en contra de VOX, por la que, entre otras cosas, se obligaba a que 150 ciudades de más de 50.000 habitantes impidieran a la gente circular libremente con sus coches. La excusa empleada por el Gobierno fue que la Unión Europea obligaba a establecer esta prohibición, el sátrapa verde mentía de nuevo. Y el PP la acogía en su seno. El Alcalde impulsa la compra de los autos eléctricos mediante subvenciones mediante el programa Ayudas Cambia 360, el principal programa municipal de subvenciones destinado a impulsar la renovación de vehículos, la sustitución de calderas contaminantes y la implantación de infraestructuras de recarga eléctrica. En total, el Ayuntamiento ha reservado ya 140,8 millones de euros desde su puesta en marcha para financiar estas subvenciones, que buscan acelerar la transición hacia modelos de movilidad más sostenibles y sistemas energéticos más eficientes en el ámbito doméstico y empresarial. Por otra parte según las cifras municipales, los coches sin etiqueta representan alrededor del 1,08% del total del parque móvil que circula diariamente en Madrid, lo que el propio Ayuntamiento considera un volumen “residual” dentro del conjunto del tráfico urbano.
El partido de derecha VOX se ha movido algo, recurrieron la Ordenanza de Movilidad Sostenible, literatura woke estomagante, ante el Tribunal Superior de Justicia de Madrid en relación a fallos de base en la elaboración de la ordenanza, especialmente en lo relativo a su impacto económico por lo que en septiembre de 2024 suspendió varios artículos clave de la normativa. El Ayuntamiento recurrió ante el Supremo que, ahora, le da la razón a los reclamantes iniciales. VOX exige la devolución de las multas y el PP municipal dice que lo que se da no se quita y que la resolución del Tribunal Supremo no tiene efectos retroactivos.
No es el fallo en la redacción de la ordenanza lo que hay que atacar, es la imposición falsa apoyándose en una directiva de la UE que nunca existió y que lo único conocido tiene que ver con la calidad del aire que puede medirse por otros procedimientos no prohibiendo circular a los automóviles que cumplen todos los requisitos para circular. Eso es lo que ha conseguido Francia. ¿Lo podremos conseguir nosotros, a ver si algún día podemos cantar “les jour de gloire sont arrivées”.Es la sociedad que tenemos.

José Manuel Adán Madrid, 4 de Mayo 2026

Economista e Inspector de Finanzas del Estado.