El 10 de marzo de 1903, nació Fernando Huidobro en Santander, en una familia y
entorno montañoso y muy religioso. Fue bautizado el 12 de marzo en la parroquia
de la Anunciación. Recibió la confirmación el 20 de abril de 1904, e hizo la primera
comunión en Melilla el 23 de junio de 1911, día del Sagrado Corazón. Sus padres
fueron José, ingeniero de caminos, canales y puertos, y María Polanco. Fue el sexto
de una familia de nueve hermanos, que vivió su primera infancia en la calle de San
José de Santander, frente a la iglesia jesuita del Sagrado Corazón.
Uno de ellos, Joaquín (nacido el 4-2-1895), se presentó en julio de 1912 a la
Academia de Infantería en Toledo, sin éxito, intentándolo en los años siguientes
1913 y 1914. Ingresó con plaza en el mes de agosto de este último año. Joaquín
(Mehal – la Jalifiana Tetuán, 1), fue condecorado con un avance en la Escala
ascendiendo a capitán el 19 de agosto de 1924. Fue capitán profesor de la
Academia de Infantería durante el año escolar de 1925 a 1926. En la guerra civil
fue herido grave en el frente de Aragón el día 30 de diciembre de 1937.
Posteriormente combatió con la División Azul.
Rafael, otro de sus hermanos, se presentó a los exámenes de ingreso en la
Academia de Intendencia en Ávila en julio de 1913, a la de Artillería en 1914 y a la
de Ingenieros y Artillería en 1915, aprobando los ejercicios en ambas, escogiendo
Artillería. Más tarde se hizo piloto de aviación militar y tuvo un accidente, en enero
de 1925, al estrellarse el Bristol que pilotaba al perder velocidad en el despegue.
Se fracturó el brazo izquierdo y la pierna izquierda. Su sargento radiotelegrafista
sufrió heridas muy graves en el cráneo. Rafael y su hermano Carlos fueron
detenidos el 11 de septiembre de 1936, en la calle Serrano 30 de Madrid por
anarquistas, conducidos a Fomento y de allí al Ateneo Libertario de Vallecas, donde
los asesinaron.
Otro de los hermanos, José, fue ingeniero.
Una de sus hermanas, María Teresa, fue religiosa de las Esclavas del Sagrado
Corazón.
El Padre Ignacio Huidobro Polanco ( – 2001), sacerdote jesuita, como su hermano
Fernando, recibió una carta de éste un mes antes de su muerte, comentándole que
realizando su acción sacerdotal corría muchísimo peligro al estar en primera línea.
Padre Fernando Huidobro Polanco
En 1908 la familia se trasladó a Melilla donde Fernando hizo la primera comunión.
Su padre había sido nombrado director de la construcción del nuevo puerto. Allí
estuvieron viviendo hasta 1911, año en que se trasladaron a Madrid. Fernando hizo
el bachillerato en esta ciudad, colegios «Mangas» y «Areneros», y comenzó a
estudiar Derecho en el Instituto Católico de Artes e Industrias, Congregación
Mariana, ICAI, el 8 de diciembre de 1918, siempre con excelentes calificaciones.
El 16 de octubre de 1919, se incorporó a la Compañía de Jesús en el noviciado de
Granada, en el Monasterio Cartuja. Continuó durante los años sucesivos, hasta
1927, en la misma ciudad los pertinentes estudios de Filosofía y Humanidades,
yéndose cada verano veinte días de vacaciones en el Colegio del Puerto de Santa
María. Pasó por Aranjuez (Madrid) y más tarde por Oña (Burgos) donde realizó
estudios de teología. En 1931 se examinó del doctorado en filosofía durante unos
días en la Universidad Central de Madrid. El tribunal de la asignatura de Lógica,
con Julián Besteiro como vocal, lo calificó con matrícula de honor; y el tribunal
presidido por el mismo Besteiro, escuchó con suma atención la declamación sobre
la filosofía de Kant.
En las elecciones municipales de febrero de 1936, vencieron los partidarios de la
República que, entre muchas otras medidas, expulsó de España a la Compañía de
Jesús. por la «Ley de Confesiones y Congregaciones Religiosas». El 1 de febrero
de 1932, salió Huidobro de Oña (Burgos), en autobús, por la frontera de Irún con
Francia hacia Bélgica. La Compañía recuperó su existencia jurídica en España el 3
de mayo de 1938, en la zona sublevada; y la restauración plena en todo el país en
1939, tras el fin de la Guerra con la victoria nacional.
En este exilio Fernando siguió estudiando teología en Marneffe (Bélgica), donde se
había trasladado el Colegio Máximo de Oña, y en Valkenburg (Países Bajos),
ciudad donde fue ordenado presbítero el 27 de agosto de 1933, por el obispo de
Hiroshima (Japón), monseñor Johhanes Ross, y donde dijo su primera misa. Hizo
la tercera probación de la Compañía de Jesús en Braga (Portugal), en 1935.
Continuó sus estudios en dos universidades alemanas: Berlín y Friburgo, siendo
alumno en esta última del filósofo, ensayista y poeta alemán Martín Heidegger
(1889-1976), que dirigió su tesis doctoral desde enero de 1936. Fernando Huidobro
compartió residencia con el filósofo jesuita Johannes B. Lotz en la Karolushaus de
Friburgo durante el curso 1935-1936.
Al producirse en España la sublevación contra el gobierno frentepopulista de la 2ª
República, de los que se auto intitularon posteriormente como «los nacionales», el
18 de julio de 1936, el padre Huidobro se encontraba ejerciendo labores de
profesorado en el colegio Pignatelli de Les Avins (Bélgica). Doce días después
solicitó por escrito al padre General de la Orden el ir a España «para ejercitar su
sagrado ministerio». Anteriormente ya había expresado su predisposición para ir a
Rusia y a Japón.
Carné de la Universidad de Friburgo
En un afán de ir a toda costa a España, eligió en un primer momento el marchar a
zonas dominadas por el comunismo, para auxiliar a los católicos ocultos. Decisión
totalmente equivocada. Primero porque peligraba muchísimo su vida y segundo
porque la República había suprimido el clero castrense. Sin embargo, en el lado
nacional se reorganizó el Cuerpo de Capellanes castrenses el 6 de diciembre de
1936.
Esto le escribió al P. Superior General Włodzimierz Ledóchowski:
Por lo que a mi toca, preferiría ser enviado allí donde los comunistas todavía
dominan -a Madrid, por ejemplo, o a Santander, mi región- y trabajar porque
las almas se conviertan; si no abiertamente como sacerdote, al menos en la
Cruz Roja, con obras de caridad, y aun ofreciendo mi sangre por los heridos.
Si este ofrecimiento se juzga temerario en exceso, por lo menos envíenme a
otras regiones liberadas a las que fácilmente se pueda entrar por Navarra, y en
las que siempre encuentran los sacerdotes más abundantes. Salud no me falta,
y sobrellevo los trabajos corporales más duros que me fatigan menos aún que
los del estudio.
La misión que se autoimpuso fue el bendecir a todos los que se encontrasen de
ambos bandos, actuando contra los excesos de unos y otros. Ponía de manifiesto
su vocación sacerdotal. Se comportaba como «un gran símbolo de reconciliación
entre españoles».
Llegó Huidobro a España, a Cáceres, el 8 de septiembre de 1936, con un grupo de
reclutas, y fue enviado como capellán, por orden del teniente coronel Juan Yagüe,
a la IV Bandera del Tercio de la Legión «Cristo de Lepanto», en Talavera (Toledo),
en las riberas del rio Alberche, afluente del Tajo, donde se presentó el 8 del mismo
mes y año en la columna del teniente coronel Asensio. La 4ª Bandera la mandaba
el comandante Vierna Trápaga. Más tarde hubo otros sacerdotes jesuitas que se
incorporaron a las diferentes Banderas: García Martín a la primera, Allende Salazar
a la sexta, Marín Triana a la séptima, Ilundaín a la octava, Hermenegildo Val a la
novena, el Padre Caballero a la décima, y cinco más.
El carácter afable del sacerdote Huidobro, que lo definía como un personaje de
gran simpatía en su forma de ser y de brillantes cualidades intelectuales, le sirvió
para que a los que servía pastoralmente se les abriese el corazón. Aunque también
se ha escrito que tenía un carácter fuerte, que intentaba corregir. El capellán
acompañó a los legionarios siempre en vanguardia, estando con aquellos que
vivían cerca de la muerte. Pero también hubo componentes del Tercio a los que no
les gustaban mucho sus sermones contra el juego, las blasfemias, las prostitutas
y, quizás, también, el intentar que se confesasen o que no tuviesen el gatillo fácil
para los enemigos que se rendían.
A principios de octubre de 1936, después de haber tomado Toledo, escribió a los
generales Francisco Franco y José Enrique Varela, y al teniente coronel Yagüe
comunicándoles que las ejecuciones a sangre fría de los prisioneros no eran actos
de justicia, sino asesinatos. Seguía diciendo el padre Huidobro, que por el solo
hecho de estar afiliado a la CNT o a la UGT, no debían ser fusilados. El páter se
mostró muy en contra de esas prácticas que «hacen que seamos un pueblo de
verdugos…».
El escritor británico Paul Preston, en su libro El holocausto español. Odio y
exterminio en la guerra civil y después, trata estos temas con su escritura crítica a
todo lo relacionado con el general Francisco Franco, siguiendo documentación que,
según sus escritos, se conserva en los archivos de la Compañía de Jesús. Por otro
lado, Francisco Espinosa Mestre en su trabajo 1936. La columna camino de Madrid.
Yagüe, Varela y las «Normas» del padre Huidobro, analiza en profundidad el tema
que nos ocupa. El libro, de la Editorial La Moderna, está prologado por el ya citado
Paul Preston.
El páter llegó a vestir el uniforme de legionario, incluso se ponía el chapiri, llevando
en el pecho «El Cristo de Lepanto», un crucifijo de buen tamaño, el mismo que luce
la parte posterior del Guion de la IV Bandera. Sobre su guerrera de legionario
fulguraba una estrella de alférez, por orden del mando, cosa que al padre no le
convenció mucho. Quería ser humilde. Incluso se negó posteriormente a llevar un
arma corta para su propia defensa.
Fue herido de un balazo en la rodilla derecha, en las operaciones de la Casita del
Patinaje (hoy desaparecida) en la Casa de Campo (Madrid), el 9 de noviembre de
1936, al ponerse como parapeto de una camilla con un herido. No cabe duda que
demostró tener un gran valor y atrevimiento, tanto en campaña como en
retaguardia. En noviembre de 1936 Huidobro escribió:
La caridad cristiana con que tratan los legionarios a sus prisioneros herirá la
suspicacia de todos los valientes de pega, cuyo ánimo esforzándoles lleva a
desear muchos fusilamientos…, quedándose ellos, por supuesto, en la
retaguardia. Es de pueblos primitivos y bárbaros pasar a cuchillo al caído. Mis
legionarios están más afinados y apurados al fuego del cristianismo. Saben
luchar a muerte; no saben rebajarse en la crueldad. No voy a decir que respeto
otras opiniones. Cuando veo clara la Verdad, he jurado defenderla hasta la
muerte. Aunque el error sea, como suele ser, dueño de la mayoría.
Pronto se recuperó de su herida en la rodilla atendido en los hospitales de Talavera
(Toledo) y de Griñón (Madrid). A pesar de su cojera solicitó el alta voluntaria,
presentándose de nuevo en su unidad, situada ahora en la Ciudad Universitaria de
Madrid. Aunque antes de dejar el hospital los médicos le dejaron inmovilizada su
rodilla herida. La envolvieron con la llamada «Cola de Caballo». Una pasta
negruzca que, al endurecerse, le dejó la pierna como entablillada. El médico jefe
dijo que admiraba del capellán «su santidad y alto espíritu» al irse del hospital
contra su voluntad. Al presentarse en la IV Bandera se excusó diciendo: «Aunque
cojeo y estoy torpe, me aconsejó el médico venir al frente, pues la completa
curación será cosa de meses. Así que me compré en Toledo un bastón (cachaba,
lo llamaban algunos) de cinco reales, apañé mis cosas y me vine a la Universidad».
En su ir y venir por el frente desde el primer combate en el que estuvo presente,
ataque a Cazalegas (Toledo), «el curilla o el curita», como así le apodaron sus
legionarios, atendió espiritualmente a unos y otros, la mayoría heridos, sin
importarle que fueran amigos o enemigos. Actitud que en algún caso molestó a los
oficiales. Iba de trinchera en trinchera de las vanguardias legionarias reconfortando
a sus soldados, y a los republicanos, si se terciaba, con grave riesgo de perder la
vida. Caminaba con un bastón para ayudar a que su rodilla derecha, totalmente
machacada y paralizada, mantuviese recta la pierna. Así anduvo cuatro meses.
Desde el mes de diciembre de 1936 a marzo de 1937, el capellán hizo una labor
heroica sacerdotal en el Hospital Clínico y en el Jarama. Ayudó espiritualmente y
físicamente a todo el que pudo, a pesar de tener la pierna derecha completamente
inmovilizada, sin poderla doblar. Hay que recordar que la distancia entre las
trincheras de los dos bandos era de escasos metros en el frente de la Ciudad
Universitaria. Los legionarios le gritaban, cuando el páter iba de acá para allá por
los parapetos: «¡Padre!, ¡ocúltese! ¡Que lo van a matar! Siempre llevaba consigo
los Santos Óleos y el Santísimo Sacramento por si tenía que dar el Viático,
Sacramento de la Eucaristía, a algún herido. Cargaba además con algunos
caramelos y una cantimplora con agua.
Antes de llegar a la Nochebuena de 1936, habían explosionado varias minas
republicanas matando a varias decenas de soldados y legionarios. La guerra de
minas era una pesadilla para los combatientes. El notar cómo debajo de tus pies
picaban haciendo túneles para introducir los explosivos rompía los nervios de
cualquier centinela.
Las ruinas del hospital Clínico fue uno de los lugares más peligrosos de la Guerra
Civil y donde el páter Huidobro celebró la misa del Gallo entre susurros en la fría
noche. Los legionarios habían traído del antiguo Asilo de Santa Cristina un altar,
una virgen, candelabros y hasta un belén. Peiró SJ, autor del libro Fernando
Huidobro, legionario y jesuita, recordaba lo siguiente en su trabajo:
Los legionarios llevaron unos Reyes Magos al Clínico montados en caballos
orientales, la mula y el buey, y como centro de todo, el Niño Jesús reclinado en
su cunita. Ante este altar improvisado (…), el Padre Huidobro festejó la Misa
del Gallo en el Clínico, con villancicos y adoración del Niño cuyos piececitos
fueron besados muy lentamente por todos los miembros de la IV Bandera de
La Legión.
El padre Ignacio Huidobro Polanco (- 2001), Sacerdote Jesuita, como su hermano
Fernando, recibió una carta de éste un mes antes de su muerte, comentándole que
realizando su acción sacerdotal corría muchísimo peligro al estar en primera línea,
pero que, si le viniese la muerte, «será por amor». El páter Fernando luchaba
también con su interior, no solo contra las balas y los proyectiles de artillería y de
mortero. Reconocía que:
En los momentos de ataque nuestro o de los enemigos, cuando más lugar hay
a mi actividad sacerdotal, pues entonces me hallo en mi interior, casi siempre,
seco, cada vez más – salvo en la Santa Misa-, y en ocasiones de lanzarme al
auxilio de algún herido, con riesgo de las balas, los pies no se me movían; y
por dentro me oía yo mismo gritarme: «¿Para qué…, para qué voy a ir…?»
Claro es que Dios podía conmigo, y me lanzaba, sin más, a donde hacía falta.
El 5 de abril de 1937, realizó sus «últimos votos» en el Colegio San José de
Villafranca de los Barros (Badajoz). Había aprovechado unos días de permiso, que
le habían concedido, para realizar también su profesión perpetua de sus votos,
después de unos ejercicios espirituales.
Seis días después, el 11 de abril de 1937, en plena ofensiva republicana conocida
como «Operación Garabitas», murió con 34 años en un chalet de las
inmediaciones, convertido en Hospital de Campaña, en las cercanías de Aravaca
(kilómetro 8 de la carretera de La Coruña), Cuesta de las Perdices, al ser alcanzado
en el cráneo por la metralla de un proyectil de artillería, al parecer ruso, del calibre
122/46. Mientras asistía a unos heridos en la carretera, el capitán Iniesta le ordenó
que fuese al Hospital, donde fue alcanzado. El mencionado botiquín estaba en una
zona muy batida por las armas republicanas y los que allí estaban corrían verdadero
peligro.
El comandante de la IV Bandera del Tercio dijo ante la muerte del padre Huidobro:
«Acaba de perder la Legión a un verdadero padre; la religión, a un santo y España,
a un héroe». Su gran labor pastoral con los legionarios y soldados enemigos,
sobrepasó sin duda a los escritos y maniobras que hizo para evitar muertes
innecesarias en las vanguardias en sus avances. Por ello fue visto como el padre
de la concordia y reconciliación.
Fue enterrado en una primera instancia en el cementerio de Boadilla del Monte
(Madrid). Al terminar la guerra civil trasladaron sus restos al Colegio de Jesuitas de
Aranjuez y más tarde, el 21 de noviembre de 1958, al atrio de la Iglesia del Sagrado
Corazón de Jesús (San Francisco de Borja) de la calle Serrano de Madrid.
Recientemente, el viernes 19 de julio de 2024, movieron los restos dentro de la
iglesia para, según fuentes de los jesuitas, «dar a conocer una figura, para muchos
desconocida, pero cuya historia tiene mucho que decirnos sobre la reconciliación y
el encuentro en un mundo crispado».
La causa del proceso de Beatificación y Canonización se inauguró el 19 de
noviembre de 1947, con el número de protocolo 698 y de archivo el F 21, dando
testimonio hasta veinticinco personas, la mayoría jesuitas y militares. El Papa era
S.S. Pio XII, que en julio de 1951 recibió el conjunto de las declaraciones
concluyéndose la fase diocesana. Sin embargo, los procedimientos fueron
ralentizados durante el papado de Pablo VI, llegando hasta el Sínodo de los
Obispos de 1983. Con Juan Pablo II se abrieron de nuevo viejas Causas excepto
aquellas que podían perjudicar a España por razones políticas.
Otras razones que podían hacer de freno a la causa del padre Huidobro, eran los
estudios que se debían realizar a sus escritos mientras fue alumno de Heidegger.
No obstante la anterior aseveración de la causa de su muerte, el Vaticano a través
del padre jesuita Carlos María Staehlin, encargado de escribir la primera biografía
de Huidobro, afirmó que el proyectil que lo mató provenía del lado nacional,
contradiciendo la teoría oficial de que la herida mortal en el cráneo había sido
producida por la explosión de un proyectil republicano. Fue relevado por ello y fue
el ex capellán de la Legión Rafael Valdés, el encargado de continuar con la
escritura. Éste afirmó que el proyectil era ruso, mientras que otro autor, el S.J.
Francisco Javier Peiró (1883-1969), dijo que era francés. Por otro lado, el padre
jesuita Hilar Raguer afirmaba, siguiendo al escritor británico Paul Preston, que el
padre Huidobro fue asesinado por unos legionarios «disgustados por haber escrito
a Franco contra los fusilamientos». Por esta presunta causa se paró el
procedimiento de beatificación en tiempos de la Transición española, al surgir la
duda sobre cómo murió. En el caso de si hubiera sido asesinado por la espalda, su
causa no sería de martirio, sino de la heroicidad de las virtudes. Sin embargo, los
testigos y los documentos primarios afirman que murió como consecuencia de la
explosión e impacto del proyectil de artillería republicano:
El Postulador General de la Compañía de Jesús en Roma, Pascual Cebollada S.J.,
dijo:
He leído los relatos de los testigos. Declaran con unanimidad que muere
instantáneamente por las heridas de un proyectil de un cañón enemigo que le destroza
el cráneo mientras atendía a uno de los heridos. Por lo tanto, no puedo confirmar esta
teoría que yo también había escuchado de Preston y, ahora, de Raguer.
Hagamos un pequeño análisis desde un punto de vista militar. Desde luego las
heridas producidas en un cuerpo por un proyectil de artillería al explosionar son
totalmente distintas de los efectos que produce un disparo de máuser o arma larga.
En el primer caso se produce destrozo, mientras que en el segundo hace un orificio
de entrada y salida. Los testigos que sobrevivieron al impacto artillero o los que
hubieran retirado el cadáver del sacerdote, sabrían perfectamente cuál fue el origen
de la muerte. Y si fue un legionario el que disparó al Páter, se hubiera sabido quién
fue y se habría producido en su momento un consejo de guerra sumarísimo. De
este modo, lo escrito en el parte de novedades dado por la destrucción del hospital
y de las bajas que hubo, es lo que debe predominar. Ahora bien, si hubo intención
de manipular la noticia y decir falsedad, no podemos saber realmente qué pasó.
El 8 de enero de 2020, se celebró en la Iglesia de San Francisco de Borja de Madrid,
la Sesión Solemne de la continuación del Proceso de Beatificación y Canonización
del Páter Fernando Huidobro, promovida por el arzobispo Castrense de España en
coordinación con el Arzobispado de Madrid y con la Compañía de Jesús.
El 23 de junio de 1975, se inauguró un Monolito en la Cuesta de las Perdices, en la
autovía de La Coruña, km. 6, en homenaje y memoria al padre Fernando Huidobro
Polanco. Desde Ceuta se envió para el acto el Guion de la 4ª Bandera de la Legión.
Entre otros homenajes que ha recibido el padre Huidobro está la inauguración de
la «Capilla Padre Huidobro» en las instalaciones de la IV Bandera el 20 de
septiembre de 2015 y en la que todos los años se realiza un acto en su homenaje
en la iglesia de los jesuitas en la calle Serrano de Madrid. En septiembre de 2025,
la Universidad Pontificia Comillas inauguró oficialmente los nuevos edificios
denominados «de Fernando Huidobro S.J.», dentro del Campus Comillas
Chamartín. Este nuevo espacio toma su nombre del filósofo jesuita, símbolo de
reconciliación.
Desde luego el padre Fernando Huidobro Polanco tuvo la osadía suficiente para
enfrentarse a la muerte cumpliendo con su misión sacerdotal, y enfrentarse a altos
mandos del ejército nacional en su reproche a las malas praxis que cometían en
los fusilamientos de prisioneros. Todas estas circunstancias, así como la causa
verdadera de su muerte, se conocerán durante el proceso de beatificación ya
reabierto.
El jesuita, que ha sido declarado Siervo de Dios y la Congregación para las causas
de los Santos, sigue avanzando con su proceso. █
Fernando Martínez de Baños Carrillo Academia de las Ciencias y las Artes Militares