
Mapa antiguo de Florida
Florida no se vendió: Estados Unidos ocupó el territorio ilegalmente antes de comprarlo a España
La cesión de Florida por parte de España a Estados Unidos, lejos de ser un simple acuerdo diplomático, fue el desenlace de años de ocupación, presiones y maniobras encubiertas
Que Donald Trump quiera comprar Groenlandia, hoy nos puede sonar disparatado. Pero durante el siglo XIX no era tan extraño adquirir territorios de otros países por medios diplomáticos o económicos. Estados Unidos, sin ir más lejos, amplió considerablemente su superficie mediante compras estratégicas.
En 1803, adquirió a Francia el extenso territorio de Luisiana a un precio considerado bajo. Tras una guerra, firmó con México el Tratado de Guadalupe Hidalgo (1848), por el que obtuvo casi la mitad de su territorio a cabio de 15 millones de dólares. En 1867, compró Alaska a Rusia, y en 1819 firmó con España el Tratado Adams-Onís, por el cual obtuvo Florida por cinco millones de dólares.
La firma de aquel acuerdo se realizó el 22 de febrero en Washington por el diplomático español Luis de Onís y el secretario de Estado John Quincy Adams. El texto comenzaba de la siguiente manera: «Deseando Su Majestad Católica y los Estados Unidos de América consolidar de un modo permanente la buena correspondencia y la amistad que felizmente reina entre ambas partes, han resuelto transigir y terminar todas sus diferencias y pretensiones por medio de un tratado».

El mapa ilustra el Tratado Adams-Onís de 1819
El acuerdo no solo supuso la cesión de Florida por parte de España, sino también la renuncia a sus pretensiones sobre Oregón y Luisiana, a cambio del reconocimiento estadounidense de la soberanía española sobre Texas. No obstante, España apenas pudo ejercer control sobre esa región, ya que tras la independencia de México en 1821 fue este país el que asumió la autoridad sobre el territorio.
Por ello, más que una transacción equilibrada entre potencias soberanas, la cesión de Florida fue el resultado de una prolongada política de hechos consumados, según indicó el historiador y colaborador de este medio Jorge Álvarez Palomino en su artículo Cómo Estados Unidos robó Florida a España: la guerra sucia del presidente Madison.
Y es que, para cuando se firmó el tratado Adams-Onís, Estados Unidos llevaba casi una década ocupando ilegalmente partes importantes del territorio español: la compra no fue el inicio de la pérdida, sino su legalización formal.
La «guerra sucia» de Madison
El territorio en cuestión, ubicado en el extremo septentrional del Imperio español, se dividía en la Florida Occidental (hoy parte de los Estados de Misisipi, Luisiana y Alabama) y la Florida Oriental (la península que hoy constituye el Estado propiamente dicho). Estas «Floridas» colindaban con las antiguas colonias británicas, que, gracias a la ayuda española, se convirtieron en los Estados Unidos de América.
Sin embargo, lejos de agradecer el apoyo, el Gobierno de Washington puso la mira en Las Floridas, territorios que le otorgarían nuevas tierras para sus colonos, así como una salida estratégica al golfo de México y el Caribe.

Retrato de James Madison
«A pesar de que España resistió durante años las ambiciones estadounidenses, la invasión napoleónica y el subsiguiente inicio de las guerras de independencia en la América española dieron a Estados Unidos la ocasión perfecta: aprovechando la debilidad de España en aquel momento, el presidente James Madison empleó sin escrúpulos una mezcla de presiones diplomáticas, amenaza militar y operaciones ilegales hasta consumar una invasión encubierta», advierte el profesor de Historia Contemporánea de España.
Así, en septiembre de 1810, Madison animó a un grupo de colonos estadounidenses establecidos en la Florida Occidental a «proclamar la independencia de una supuesta ‘República de Florida Occidental’ independiente de España», asegura Álvarez Palomino.

Historia en un minuto con Jorge Álvarez Palomino
Fulwar Skipwith, antiguo diplomático estadounidense, fue nombrado presidente del nuevo régimen. Tras derrotar a la pequeña guarnición española en Baton Rouge, los insurgentes intentaron ocupar otras plazas como Pensacola y Mobila, aunque fueron rechazados por las fuerzas leales a España. «Aprovechando el caos, Madison ordenó a sus tropas entrar en el territorio bajo posesión rebelde, que, sin oposición alguna, fue anexionado a los Estados Unidos en diciembre», detalla el historiador en su artículo.
Aunque los distritos de Mobila y Pensacola permanecieron bajo control español durante un tiempo, estaban aislados y sin posibilidad de recibir refuerzos, por lo que no pudieron «hacer nada ante la anexión ilegal del resto del territorio». En 1812, estalló una guerra entre Estados Unidos y Gran Bretaña debido a sus rivalidades comerciales.
«Dado que España estaba en ese momento aliada con el Gobierno británico en la lucha contra Napoleón, las autoridades españolas esperaban que aquello pudiese propiciar una intervención británica en defensa de los derechos españoles sobre la Florida Oriental. Sin embargo, fue todo lo contrario», indica.
Madison utilizó la guerra como excusa para continuar la ocupación, alegando que España, por ser aliada de los británicos, representaba una amenaza para Estados Unidos.
Andrew Jackson al mando de las tropas estadounidenses en Nueva Orleans 
En 1813, bajo el argumento de que Mobila podía servir como base logística para tropas británicas, un contingente estadounidense atacó la ciudad. Aunque no existía declaración de guerra entre ambas naciones, las fuerzas españolas se vieron obligadas a capitular. Con ello, toda la Florida Oriental quedó bajo control militar estadounidense, en una situación que las autoridades españolas consideraban ilegal.
En 1815, tras la derrota de los británicos en la batalla de Nueva Orleans por parte del general Andrew Jackson, desapareció la última posibilidad de apoyo extranjero. Ese mismo año, Londres y Washington firmaron la paz sin exigir la retirada de las tropas estadounidenses de los territorios ocupados a España. Aunque el gobierno de Madrid protestó formalmente la situación, carecía de los recursos militares necesarios para recuperar la región, pues sus esfuerzos se centraban en contener los procesos independentistas en América.
En los años posteriores, Washington consolidó su presencia en la Florida Occidental mediante una combinación de diplomacia, presión y ocupación de facto. Finalmente, un debilitado gobierno español accedió a formalizar la cesión mediante el Tratado Adams-Onís, firmado en 1819 y ratificado en 1821, por el cual se reconocía la soberanía estadounidense sobre la península a cambio de una compensación de cinco millones de dólares.
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