LA ENSEÑA NACIONAL POR LOS SUELOS: CUANDO LOS SÍMBOLOS HABLAN. Coronel, r EAZ>> Serrano Carranza

LA ENSEÑA NACIONAL POR LOS SUELOS: CUANDO LOS SÍMBOLOS HABLAN


Hay momentos en los que una nación parece mirarse en un espejo. Y lo ocurrido en Vigo durante la ceremonia del Día de las Fuerzas Armadas, con la presencia de SS.MM. los Reyes y la Princesa Leonor, miembros del Gobierno, la cúpula militar y representación ciudadana, es uno de ellos.

Que la Enseña Nacional se precipite desde lo alto del mástil cuando estaba siendo izada a los acordes del Himno Nacional, parece un mal presagio.Un fallo técnico, dirán algunos. Una coincidencia desafortunada, apuntarán otros. Incluso habrá quien lo reduzca a un simple fallo protocolario o un boicot intencionado, para los más conspiranoicos.

Sin embargo, en el ceremonial institucional, los símbolos nunca son neutrales. En el protocolo militar existe una máxima no escrita: cuando el ritual falla en el momento solemne, el mensaje ya ha sido transmitido. No es superstición; es la conciencia de que los actos institucionales son lenguaje social en sí mismo.

De hecho, la tradición clásica recoge una idea aún más inquietante. La pitonisa de Delfos, ante signos adversos en ceremonias públicas, no hablaba de accidentes: hablaba de advertencias. Hoy diría, lo mismo que recoge nuestra memoria histórica en su versión más descarnada: “Bombardeen sobre nosotros, el enemigo está dentro”. Es como arrebatarle su soberanía de un tirón.

Porque hay imágenes que trascienden la explicación técnica y se convierten en lectura colectiva del estado de ánimo de un país. Y esa imagen —nuestra bandera cayendo en el izado— inevitablemente interpela. España no es ajena a sus símbolos. La bandera no es un objeto: es la síntesis emocional, histórica e institucional que representa a todos los españoles. Y verla caer, genera un agravio y pesadumbre difícil de olvidar.

Más allá del incidente, lo relevante es lo que proyecta en términos de percepción social: un país donde sus ciudadanos sienten que las instituciones se han alejado del pueblo, su propósito original. Donde la política se percibe, con frecuencia, como un espacio de confrontación permanente y de desgaste institucional. Donde la confianza en los poderes del estado, se erosiona lentamente, poniéndolos en entredicho, sin ruido.

La decadencia de un sistema rara vez llega de golpe. Llega cuando impera el conformismo. Cuando la corrupción, generalizada, no nos sorprende. Cuando la ciudadanía ha dejado de tener confianza en sus representantes.

Y entonces ocurre el milagro: los símbolos hablan por su cuenta, se manifiestan.
Lo que en condiciones normales sería un simple error, en un contexto de tensión institucional y fatiga social se convierte en una metáfora involuntaria. No porque el hecho la busque, sino porque el momento la permite.

Quizá la pregunta no sea qué ocurrió con la bandera. Si no qué estamos leyendo en ella. Porque, cuando los símbolos se manifiestan en público, no siempre hablan de ellos. Si no de nosotros mismos, a los que representa, los españoles.

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Coronel de Aviación (Ret.)