Tras casi medio siglo de conflicto, el expediente del Sáhara Occidental parece entrar en una nueva fase. La cuestión ya no es solo si se puede mantener el statu quo, sino qué forma podría adoptar el escenario posterior al statu quo

La resolución 2797 del Consejo de Seguridad, aprobada el 31 de octubre de 2025, constituye un paso importante. Sin resolver de forma definitiva el estatus del territorio ni cerrar el marco de las Naciones Unidas, ha situado la iniciativa de autonomía marroquí en el centro de la dinámica negociadora y ha hecho hincapié en la búsqueda de una solución política basada en el compromiso.
Desde dicha resolución, las consultas del enviado personal del secretario general de la ONU, Staffan de Mistura, así como los encuentros de Washington y Madrid y la creciente implicación de las potencias occidentales, parecen haber creado una nueva configuración. El realismo político se impone gradualmente a las posiciones maximalistas.
La autonomía, en el centro de la nueva dinámica
Estados Unidos, Francia y el Reino Unido han desarrollado progresivamente posiciones convergentes sobre el carácter realista y creíble de la iniciativa de autonomía marroquí. Esta evolución no significa la desaparición de las diferencias diplomáticas, sino que refleja un cambio de método: tras décadas de fracasos, la cuestión pasa a ser qué solución es políticamente negociable, institucionalmente viable y suficientemente aceptable para permitir a las partes salir del conflicto.
Washington desempeña un papel particular en esta nueva fase. Desde su reconocimiento de la soberanía marroquí sobre el Sáhara en 2020, su postura se ha ido consolidando en su enfoque diplomático. En 2026, su implicación se ha reforzado, especialmente a través de las consultas con Staffan de Mistura y las conversaciones en Washington.
El objetivo parece ser acelerar la búsqueda de un compromiso y evitar que el conflicto se convierta en una nueva fuente de inestabilidad en una región ya debilitada por las crisis del Sahel.

Octubre de 2026, un momento decisivo
El próximo informe de Staffan de Mistura podría constituir una verdadera prueba para esta nueva dinámica. Tres preguntas serán esenciales: ¿han acercado posiciones las conversaciones? ¿Han formulado propuestas concretas las partes? ¿Permite el marco actual avanzar realmente hacia un compromiso?
Son posibles varios escenarios para octubre de 2026: la simple prórroga del mandato de la MINURSO, la consolidación de la dinámica iniciada por la resolución 2797 o la evolución hacia un proceso más inclusivo que permita escuchar a los diferentes sectores de la sociedad saharaui.
Esta última cuestión es especialmente relevante, ya que una paz duradera puede requerir tener en cuenta la diversidad de sensibilidades saharauis.
El pluralismo de la representación saharaui
Durante décadas, el Frente Polisario se presentó como el único representante de los saharauis en los foros internacionales. Sin embargo, el panorama político saharaui dista mucho de ser homogéneo.
Algunos defienden la independencia, otros la autonomía, mientras que otros desean ante todo poner fin al conflicto, reunir a las familias, garantizar los derechos políticos y económicos y abrir una perspectiva de desarrollo.
En este contexto surge el Movimiento Saharaui por la Paz (MSP), creado en 2020 y liderado por Hach Ahmed Baricalla. El movimiento defiende una solución negociada basada en el compromiso y la autonomía bajo soberanía marroquí, acompañada de garantías políticas e institucionales.
El MSP se presenta como una «tercera vía», no necesariamente como un tercer estatus territorial, sino como otro enfoque político orientado a salir de la lógica del todo o nada.

Una nueva visibilidad diplomática para el MSP
En los últimos años, el MSP ha multiplicado los contactos con líderes políticos, diplomáticos, investigadores y actores de la sociedad civil en Europa, Estados Unidos y otros espacios diplomáticos.
La reunión del 30 de junio de 2026 en Nueva York entre una delegación del MSP y el embajador estadounidense ante las Naciones Unidas, Mike Waltz, supuso un nuevo hito. El diplomático estadounidense presentó públicamente a los miembros del movimiento como voces saharauis comprometidas con la paz, el compromiso y una solución duradera.
Esta declaración constituye un señal política importante: una potencia central del Consejo de Seguridad otorga ahora visibilidad pública a una organización saharaui que reclama un lugar en el debate.
El realismo como estrategia de paz
Se trata más bien de buscar una fórmula que permita preservar los derechos y la dignidad de las poblaciones, poniendo fin a un conflicto estructuralmente bloqueado.
Este enfoque coincide con una evolución más amplia del contexto internacional. El mundo diplomático de 2026 ya no es el de 1991: las prioridades de seguridad han cambiado, el Sahel se ha transformado, las relaciones entre Marruecos y varias potencias occidentales se han fortalecido y el Consejo de Seguridad ha aprobado una resolución que ha modificado el lenguaje político en torno a la negociación.
Las reflexiones atribuidas a dirigentes del Polisario también se enmarcan en esta evolución e ilustran los cambios producidos en el entorno internacional.

El Sáhara en un Magreb y un Sahel en transformación
La transformación del Sahel otorga al expediente una dimensión estratégica adicional. El terrorismo, los tráficos ilícitos, la delincuencia organizada, las migraciones, la inestabilidad institucional y las rivalidades geopolíticas han modificado profundamente el entorno del noroeste de África.
La persistencia del conflicto contribuye a mantener la brecha entre Marruecos y Argelia e impide una cooperación magrebí a la altura de los desafíos regionales. Una solución no resolvería todos los problemas del Sahel, pero sí eliminaría uno de los principales obstáculos políticos para una cooperación regional más ambiciosa.
Por tanto, el coste del statu quo supera con creces al Sáhara: afecta a todo el Magreb e, indirectamente, al Sahel.
¿Hacia una nueva arquitectura de paz?
El proceso de paz podría necesitar nuevos interlocutores para complementar a los actores históricos. Dar voz a nuevos componentes saharauis supone reconocer que las sociedades nunca están perfectamente representadas por una sola organización.
El verdadero reto del otoño de 2026 será, por tanto, saber si el Consejo de Seguridad desea simplemente gestionar el conflicto o contribuir realmente a su resolución.
Una solución creíble deberá responder a cuestiones concretas: garantías, gobernanza, representación, derechos políticos, situación de la población en los campamentos, mecanismos de retorno y reconciliación, protección de la identidad y la cultura saharauis, calendario e implicación internacional.

Una paz que va más allá del Sáhara
La resolución del conflicto podría abrir nuevas dinámicas económicas entre Marruecos, Mauritania, Argelia y el resto del Magreb. Podría impulsar las infraestructuras, el comercio, la cooperación energética y la lucha contra las redes criminales.
La paz en el Sáhara podría convertirse así en el punto de partida para una nueva arquitectura magrebí y contribuir a reconstruir una confianza regional perdida hace décadas.
Esta nueva fase exige también responsabilidad a los actores saharauis: reconocer la pluralidad de opiniones, aceptar el diálogo y comprender que el compromiso puede ser una fortaleza y no una debilidad.
La elección de octubre de 2026
La resolución 2797, las consultas de Staffan de Mistura, la implicación estadounidense, la evolución de las posiciones de varias potencias occidentales y la aparición de nuevas voces saharauis son indicios de un cambio de ciclo.
Ninguno de estos elementos garantiza una solución, pero su convergencia es lo suficientemente importante como para ser tomada en serio.
El otoño de 2026 podría, por tanto, abrir un nuevo capítulo. La iniciativa de autonomía marroquí ocupa ya un lugar central en gran parte de la diplomacia internacional, mientras que la cuestión de las garantías y las modalidades resulta esencial.
Al mismo tiempo, surge una pregunta ineludible: ¿qué voces saharauis deben participar en la construcción de la paz?
El MSP podría representar una pieza importante de este nuevo escenario diplomático, no como sustituto automático del Frente Polisario ni como solución impuesta desde el exterior, sino como una de las voces saharauis que ha optado por situar el compromiso, la paz y el realismo en el centro de su proyecto.
Tras casi cincuenta años de conflicto, el Sáhara Occidental necesita una generación de soluciones más que una nueva generación de eslóganes.
La resolución 2797 ha abierto una nueva ventana diplomática. Washington ha reforzado su implicación, varias potencias occidentales convergen hacia un enfoque que prima la autonomía como base realista de negociación y nuevas voces saharauis buscan participar en la construcción de la paz.

Por lo tanto, la cuestión central ya no es solo quién tiene razón en el relato histórico, sino qué solución puede permitir a las poblaciones salir de la historia del conflicto para entrar en la de la paz.
El Consejo de Seguridad deberá elegir entre administrar el statu quo o contribuir a superarlo. Staffan de Mistura deberá demostrar que el nuevo marco puede producir resultados. Las grandes potencias deberán transformar sus declaraciones en palancas diplomáticas. Marruecos deberá precisar las garantías y los contornos de su proyecto de autonomía. Los actores saharauis deberán aceptar que la pluralidad de voces puede convertirse en una fuerza para la paz.
El reto va más allá del Sáhara. Afecta al futuro del Magreb, a la estabilidad del Sahel y a la capacidad del norte de África para superar sus divisiones.
El Sáhara Occidental se encuentra así en una encrucijada: por un lado, la repetición de un conflicto que dura ya demasiado tiempo; por otro, la posibilidad aún incierta pero real de una arquitectura política basada en el compromiso, la pluralidad de voces, las garantías institucionales y la estabilidad regional.
Tras octubre de 2026, el Consejo de Seguridad podría tener que responder a una pregunta histórica: ¿quiere seguir gestionando el conflicto o asumir el riesgo político de organizar su salida?
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