Se trata de un mineral básico para tener energía limpia y barata, fundamental para los paneles solares
La de Ceuta y Melilla no es la única pugna de Marruecos contra España. Tampoco la de los peñones de Alhucemas, Peregil, Vélez de la Gomera y los islotes de Alborán y Chafarinas. Marruecos reivindica cada vez con mayor frecuencia las Islas Canarias, y al paso que vamos lo hará también sobre Andalucía entera. Hay otros conflictos soterrados. Cedidos por España todos los derechos territoriales sobre el Sahara, queda aún en disputa el control del espacio aéreo de nuestra antigua colonia africana, y se ha abierto además un nuevo frente en torno a las aguas territoriales españolas en la zona de Fuerteventura, bajo las cuales parece haber un poderoso sedimento de tierras raras. Sin olvidar las prospecciones petroleras en curso, que Canarias no quiere realizar, pero Marruecos sí. El último de los frentes abiertos es por el control del Monte Tropic, un inmenso volcán submarino apagado situado a 460 kilómetros de la isla de El Hierro y a 50 millas de la Zona Económica Exclusiva Española (ZEE). La base del volcán está a 4.200 metros bajo el nivel del mar, con 3.200 metros sobre el fondo marino y su cima a mil metros de la superficie. La importancia de este enclave es porque contiene grandes cantidades de telurio, vital para la fabricación de placas solares, además de cobalto y tierras raras. Los expertos calculan que este monte submarino podría por sí solo abastecer gran parte de la demanda de la UE de tales metales estratégicos, cada día más importantes.
El origen del conflicto parte de 2014, cuando España pidió oficialmente a la ONU ampliar su plataforma marítima para controlar esta zona. Marruecos respondió en 2020 resolviendo de manera unilateral extender su frontera marítima hacia España y el Sahara, incluyendo también esas aguas reclamadas desde Madrid, por el hecho de encontrarse en ellas el Monte Tropic, la mayor reserva de telurio del mundo. El telurio es un metal muy raro. De símbolo Te, fue descubierto en 1973. Es de color grisáceo, brillante, ligeramente tóxico, con propiedades similares a las del azufre y muy escaso en la corteza terrestre. Su extrema rareza es comparable a la del platino. Pero hoy resulta fundamental para tener una energía más limpia y barata, porque es básico en la elaboración de paneles solares. Su demanda mundial ha crecido una barbaridad y se prevé que siga creciendo en las próximas décadas. En la costa del monte Tropic hay 6.000 veces más telurio que en la corteza terrestre. Y también mucho cobalto, elemento que se utiliza para la fabricación de las baterías de los coches eléctricos. Ahí radica su relevancia estratégica, y la actual disputa diplomática por su control: España a través de una reivindicación vía Naciones Unidas, y Marruecos por declararlo unilateralmente como de su propiedad, pese a no encontrarse en sus aguas territoriales.
Un nuevo motivo de disputa y también una carta más a jugar en esta larga liga de reclamaciones marroquíes. La otra carta es la final del mundial de futbol.
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