Los veteranos olvidados de Afganistán e Irak

 

► El último informe nacional del Departamento de Veteranos de EE UU de febrero de 2026 registró que al menos 9.667 soldados se suicidaron tras combatir en las guerras después del 11S

 

 

EFE
Familiares de soldados de EE UU caídos en combate visitan un memorial

«Este es mi último mensaje para los que dejo atrás. Sé que pensáis que soy un cobarde, pero no tengo otra opción. Como dijo el sargento primero, todo lo que tengo que esperar es un amigo en la cárcel. No hay futuro», escribió en su carta de despedida el soldado raso Jason Scheuerman, de 20 años. «He deshonrado a esta unidad, a mí mismo y, sobre todo, a mi familia. Quería una última oportunidad para despedirme de ellos, pero me la quitaron con todo lo demás», añadía en la misiva. Poco tiempo después, este soldado perteneciente a la 3ª División de Infantería desplegada en Irak se quitó la vida en uno de los barracones de la base.

Semanas antes de escribir la carta, le había contado a su padre que tenía miedo y problemas para afrontar el combate. Presentaba un cuadro de depresión, ansiedad, insomnio y pensamientos suicidas que todos sus superiores desatendieron hasta que finalmente decidió terminar con sus demonios dirigiendo el arma hacia sí mismo y disparando.

El caso Scheuerman, que sucedió en el año 2005, es uno de los más conocidos y documentados. Sin embargo, desde que el mismo tuvo lugar, el número de veteranos que se han quitado la vida en Estados Unidos no ha hecho más que ir en aumento.

El último informe nacional del Departamento de Asuntos de Veteranos (VA, en inglés), publicado el pasado mes de febrero, registró «6.398 suicidios entre las generaciones de veteranos que sirvieron en Corea, Vietnam, la Guerra del Golfo, Irak o Afganistán», entre otros. Supone una escalofriante media de 17,5 al día.

Para la generación que combatió después del 11S –en total, unos 4,4 millones– otro estudio que examinó a más de 2,5 millones de veteranos registró «9.667 suicidios entre 2006 y 2022: unos 1,6 diarios. La tasa llegó a multiplicarse por más de diez entre 2006 y 2020», según el el Departamento de Veteranos, debido a las heridas invisibles con las que los soldados vuelven a casa. Sobre todo, se trata de lesiones cerebrales que afectan «las capacidades que el individuo necesita para controlar las crisis como son la memoria, la regulación emocional, la toma de decisiones y la inhibición de impulsos».

Muchos sufren el síndrome de estrés postraumático (PTSD), el cual provoca «dolor, pesadillas, alcoholismo, ruptura familiar, pérdida de empleo o de propósito». Los veteranos con una lesión cerebral traumática (TBI) presentaban una tasa de suicidio del 90,8 por cada 100.000 personas-año, frente al 19,3 entre los adultos estadounidenses», según JAMA Network. Y, en 2023, los atendidos con un diagnóstico reciente de TBI tuvieron «una tasa de suicidio del 77,6 por 100.000, un 94,3% superior a la de los veteranos sin TBI», según el el Departamento de Asuntos de Veteranos.

Los problemas económicos, laborales, familiares y de vivienda también empujan a muchos veteranos a provocarse autolesiones o a quitarse la vida. Algunos de ellos acaban viviendo en la calle y el sinhogarismo los aparta definitivamente de la sociedad, hasta que no pueden más.

La tasa de suicidio entre los que sufren esa situación es «un 146% superior» al del resto. La posibilidad de que posean un arma (algo que es muy común en Estados Unidos) también hace posible que se multiplique la letalidad. «En 2023, el 73,3% de las muertes de los veteranos implicaron el uso de un arma».

Desde los ataques perpetrados contra las Torres Gemelas, todas las administraciones que han ocupado la Casa Blanca tienen una cosa en común: la dejadez hacia los veteranos de las guerras a las que los líderes –George W. Bush, Barack Obama, Donald Trump y Joe Biden– les mandaron a luchar. Hay un dato que es incontestable y que ejemplifica a la perfección ese olvido imperdonable. «El suicidio es la segunda causa de muerte entre los veteranos menores de 45 años».

En este sentido, cabe destacar el testimonio de Vincent Vanata, un sargento mayor retirado que sirvió 22 años de su vida en los «US Marines». «Pasé de la zona de combate a Cody (Wyoming) en tres días. Al regresar me dijeron que debía descomprimir, pero no recibimos instrucciones sobre qué significaba realmente esa reintegración», declaró en el año 2014 ante el Subcomité de Asuntos de Veteranos del Senado.

Allí relató que, al menos, había perdido a tres de sus compañeros a causa del suicidio. «Dos regresaron sin heridas físicas; uno de ellos era un sanitario que había salvado muchas vidas en el campo de batalla», explicó.

La lucha que libran los veteranos para vivir en un mundo que pocas veces entiende la experiencia bélica, y las consecuencias físicas y mentales que esto conlleva, es de por vida. Los soldados y civiles que participaron en las guerras posteriores al atentado del 11S son víctimas silenciosas que, además, apenas formarán parte de las celebraciones, vigilias y eventos programados y que recordarán aquella fatídica jornada en Estados Unidos.

El día que cambió sus vidas y el mundo se volvió más inseguro, más inestable y lleno de odio.

El suicidio es la segunda causa de muerte entre veteranos menores de 45 años en EE UU

Fuente:

https://lectura.kioskoymas.com/la-razon/20260911?hash=ce71c2bbdc611fa2b250b4f3851903278e8e491d5594d6579e