El Gobierno quiere activar la cláusula de escape de la UE para aumentar el gasto en defensa. Realmente, esto quiere activarlo no para gastar más en defensa, sino para tener más margen de gasto en el resto de partidas. Sabe que la economía la tiene prendida con alfileres por el gasto público y si tiene que someterse a reglas de estabilidad presupuestaria y no poder gastar más, la economía se le cae en el último año de legislatura, y quiere evitar eso, motivo por el que pide ese exceso de gasto. Si este año ha cumplido con el déficit y, supuestamente con el porcentaje de gasto en defensa sobre el PIB, ¿para qué va a necesitar ahora esa cláusula de escape? Está claro: para gastar más y tratar de sostener la economía en el último año de legislatura, porque sin más gasto público, se le hunde la economía. Por eso quiere activar esa cláusula, por eso había pedido que se suspendiesen las reglas fiscales y por eso había solicitado que se prolongase un año más la ejecución de los planes de recuperación europea. Su política económica es la del gasto público ingente, que genera un gran déficit estructural, que coyunturalmente, aun siendo grande, lo mitiga por el efecto que la inflación, vía la no deflactación de la tarifa del IRPF y el incremento de precios que hace que el valor absoluto de aplicar sobre ello el porcentaje de impuestos indirectos proporcione una recaudación mayor, que nos lleva a una deuda exponencial. Sánchez va a dejar muy maltrecha a la economía española, peor incluso que como la dejó Zapatero, aunque ahora la anestesia del gasto público impida verlo, con grandes desequilibrios estructurales, que requerirán de grandes reformas en cuanto llegue el nuevo gobierno. El efecto estructural sobre la economía de la política económica bajo el sanchismo, aunque ahora, como digo, no se perciba, es letal, porque se mantiene a base de subsidios, de expulsar talento, de atraer mano de obra de bajo valor añadido y del impulso del gasto público, que merman las posibilidades de que la economía crezca por sí misma y sea sostenible, no sostenida, como es ahora. Da la sensación, además, de que Sánchez trata de practicar la política de tierra quemada, para dejar todo en pésimas condiciones al PP cuando llegue al gobierno, con múltiples leyes que dañan a la economía, con inseguridad jurídica, intervencionismo, subsidios y un amplio gasto enroscado en lo más profundo de la economía, además de una regularización de inmigrantes realizada sin pensar bien sus efectos sociales y económicos para España. La cláusula de escape para gasto en defensa es la enésima treta del Gobierno para mantener artificialmente la economía con pulso.
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