La sombra del trono se extiende sobre el mercado a través de Al Mada, un fondo de inversión privado de dimensiones colosales, a través del cual Mohammed VI ha consolidado un gigante que abarca desde los recursos naturales hasta los servicios diarios de los ciudadanos y que, según algunas fuentes, controla hasta el 20% de la bolsa de Casablanca, cuyo valor equivale aproximadamente a 206.000 millones de dírhams, unos 20.000 millones de euros.

Al fallecer en 1999 su padre, Hassan II, el nuevo rey heredó una participación del 35% en el holding Société Nationale d’Investissement (SNI). Lejos sin embargo de mantener un rol pasivo, Mohamed VI reestructuró por completo la fortuna familiar y en 2002 creó Siger (anagrama de Regis «del rey» en latín), desde la que centralizó todos los negocios.
En 2010 SNI absorbió al histórico conglomerado industrial ONA, en el que ya tenía una participación mayoritaria, y el holding dejó de cotizar en la Bolsa de Casablanca y se transformó en Al Mada, dejando así de estar bajo el escrutinio público del mercado.
Actualmente, la influencia y el poder de Al Mada, que ha declinado hacer comentarios, es tan amplio que resulta prácticamente imposible para un ciudadano marroquí, o para cualquier empresa que opere en el país, no consumir alguno de sus productos o servicios. Sus inversiones se estructuran en los pilares más lucrativos del tejido nacional. En el ámbito financiero controla el 43,5% del Attijariwafa Bank, el banco más grande de Marruecos y un gigante con sucursales en más de 25 países africanos, además del 80% de la aseguradora líder del país, Wafa Assurance. Son participaciones que están valoradas en 6.000 y 1.380 millones de euros respectivamente. En telecomunicaciones y conectividad digital está presente a través de Inwi, uno de los tres operadores principales de telecomunicaciones del país.

Asimismo, mediante la firma Managem, el holding explota metales preciosos e industriales tanto en Marruecos como en el África subsahariana. Al mismo tiempo, lidera la transición ecológica con Nareva, la empresa encargada de construir y gestionar los mayores parques eólicos del continente.
Este modelo de negocio resulta redondo para el palacio real porque mientras que el gobierno marroquí aprueba millonarias inversiones públicas en infraestructuras y vivienda, el entramado empresarial del propio monarca se beneficia directamente suministrando el cemento y los materiales de construcción.
Críticas
Es una estructura, sin embargo, que plantea un constante debate ético y económico dentro y fuera de las fronteras marroquíes. Los críticos señalan la existencia de un importante conflicto de intereses estructural. Y es que Mohamed VI actúa simultáneamente como el jefe de Estado, con poder para regular el mercado, otorgar licencias y dictar leyes, y como el principal empresario del país, siendo así beneficiario directo de esas mismas regulaciones.
La cesta de la compra de los marroquíes pasa igualmente por las manos del rey a través de los hipermercados Marjane, la mayor cadena nacional, o las marcas de agua mineral de Sotherma. Hasta hace unos años, el holding era propietario también de Cosumar, la única productora y refinadora de azúcar del país, pero acabó vendiéndola en el marco de un plan para salir del sector agroalimentario nacional más básico.
A nivel internacional, Al Mada tiene una empresa conjunta con el gigante chino CNGR Advanced Material, especializado en la gestión y extracción de tierras raras. A través de este proyecto de 2.000 millones de dólares, el grupo ha inaugurado un megacomplejo industrial en Jorf Lasfar (Marruecos) con el objetivo de fabricar componentes esenciales para abastecer principalmente al mercado de vehículos eléctricos de Europa y Estados Unidos. A través de su filial agroalimentaria Teralys, Al Mada cerró igualmente hace dos años la compra del grupo industrial italiano Nutkao, uno de los principales productores europeos de cremas de cacao, avellanas y untables por unos 450 millones de euros.
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